Me ha sorprendido mucho el apoyo que mi excelente amigo y agudo pensador Alberto Di Mare ha brindado a la lamentable resolución de la Sala IV que nos ganó la dudosa distinción de ser el único país del mundo en que está prohibido ayudar a las parejas estériles con métodos in vitro . Su objeción se basa en que esta práctica produce más embriones que los que se implantan en el útero. Considera, con la mayoría de la Sala e invocando también la autoridad de Aristóteles, que debemos "respetar la vida" desde que el gameto paterno se funde con el materno.
Considero que el pensamiento ha avanzado mucho desde el tiempo en que el sabio griego clasificaba los cuerpos por grados de dignidad en "celestes" y "terrestres". O explicaba, de manera finalista, la ascensión del fuego y la caída de las piedras por la búsqueda de su "lugar natural" (en lo social, un patricio y un esclavo debían también ocupar sus lugares naturales). O describía a las especies como formas tan fijas y permanentes como las definiciones de la geometría. Galileo y Newton depuraron la física de este finalismo y fijismo hace tiempo; pero tales errores en la interpretación de la naturaleza se atrincheraron en la biología hasta principios del siglo XIX, cuando Darwin y Wallace los exorcizaron con el signo de la selección natural.
Código genético. Aristóteles explicaba la generación con la doctrina del preformismo. Según ella, las semillas contendrían de modo implícito las formas que se manifestarían más tarde en el adulto. Esto de acuerdo con su teoría todavía mitológica de la potencia y el acto, según la cual el futuro dormiría en forma larvada en el pasado desde donde lo controlaría mágicamente. Faltaban más de dos mil años para que se formulara la teoría celular, apareciera la distinción entre genotipo y fenotipo, se descubriera el código genético. Igualmente, para la invención del moderno concepto de desarrollo, basado en intercambio recíproco de señales químicas puramente materiales entre las células, en vez de en los misteriosos decretos previos de cómo debieran suceder las cosas supuestas por la metafísica de Aristóteles.
La expresión "respetar la vida" es ambigua. Irrespetamos la vida cada vez que nos sentamos a la mesa, aunque seamos vegetarianos y por definición siempre que ingerimos antibióticos. La expresión no puede referirse entonces a vida tout court sino a vida humana. Y no a vida humana como genotipo que evoluciona desde hace millones de años, agregando mejoras de diseño periódicas por selección natural. Lo que en este contexto debemos entender no puede ser otra cosa que respeto a la persona humana, a partir que comienza a existir. Y, a menos que seamos preformistas o estemos cegados por dogmas religiosos, no podemos aceptar que esto se dé antes de que esté formado el cerebro; un cerebro humano, mucho más grande que el de los primates, capaz de seguir desarrollándose más allá del nacimiento, en un medio cultural. Previamente a eso, lo que existe son genes activados, construyendo proteínas que se integran paso a paso en órganos y sistemas. Ni los genes ni las proteínas son homúnculos o "preformas" de seres humanos. Los primeros son instrucciones de un código físico; las segundos, ladrillos biológicos. Si las circunstancias son favorables, se autoensamblarán para producir un día la persona humana.
Estimular la investigación. Di Mare lamenta el desperdicio de embriones como la Biblia, en la historia de Onán, el desperdicio de esperma y recomienda a los ingenieros moleculares tratar de evitarlo realizando su obra asistencial con un mayor costo. Existe, sin embargo, otra posibilidad. Si la investigación biológica en vez de ser coartada judicialmente es estimulada por la sociedad, ese superávit de embriones podría invertirse en la creación de órganos de recambio, como se está intentando hacer en Inglaterra. Lo cual confirma que la vida de la persona humana no comienza con la fecundación del óvulo, puesto que es técnicamente posible que se desarrolle más bien como riñón, hígado o corazón. A menos que, por razones dogmáticas, se nos prohíba también practicar esta prometedora tecnología.