En nuestra época, parece que el caos impera. Enseñamos a las poblaciones estudiantiles a enfrentar el desorden y la casualidad como algo natural de lo que debemos sacar provecho. Por eso hemos reinventado el concepto de paradoja, practicándola en términos de "si bien debemos proponernos metas claras, debemos estar dispuestos a modificarlas con el fin de sacarle el mejor provecho a las circunstancias". En el campo de las decisiones vocacionales, este principio es muy útil puesto que facilita a la persona ver el mundo de manera más amplia y flexible, y asumir como propia la casualidad planificada. Ciertamente, lo que evita que actuemos mal en medio de estas condiciones tan ambiguas es la consolidación de valores que orienten nuestras vidas, los que nunca deberán ser paradójicos o contradictorios.
El anterior comentario viene a colación a raíz de dos diferentes notas periodísticas relacionadas con el respeto a la vida, en este caso de dos animales: un puma y un cocodrilo, que fueron noticia durante la pasada Semana Santa.
Doloroso sacrificio. En el primer caso, el puma, probablemente ahuyentado por cazadores furtivos, invadió los "dominios humanos". La curiosidad, la mala intención o bien la chambonada hicieron que este animal fuera sacrificado lenta y dolorosamente, lo que ocasionó la indignación de los vecinos del lugar donde fue encontrado, del dueño de la reserva en que vivía y de quienes leímos la noticia. Inclusive las autoridades del Minae ya iniciaron un proceso de investigación para sentar responsabilidades (¿harán algo?).
En el segundo caso, un grupo de "machos" desafiaron a un cocodrilo que se encontraba en su refugio, lo "torearon", lo sacaron, lo amarraron, lo pasearon y exhibieron como un trofeo (diez contra uno), y lo soltarían al día siguiente. No sabemos como terminó la historia. Y la nota periodística, con "infograma" incluido, destaca el acontecimiento como una "tradición", de aquellas que vale la pena preservar por lo que se comparte con todo el país, y con todo el mundo gracias a Internet, no vayan a decir por allí que los ticos no respetamos nuestras tradiciones.
Más allá de "no matar". En ambos casos se violó un precepto básico, el respeto a la vida. Aun cuando espero que el cocodrilo realmente haya sido devuelto a su hábitat sano y salvo, debemos entender que, a la altura en que nos encontramos en cuanto al desarrollo de la civilización, el respeto a la vida no es ya simplemente no matar, sino también dejar vivir en condiciones dignas, aunque se trate de un animal.
Estos dolorosos acontecimientos nos sirven de metáfora para reflexionar sobre lo que está ocurriendo con muchos seres humanos. Su derecho a la vida no solo se hace efectivo cuando no son asesinados, por amigos o enemigos, dentro o fuera de sus casas. Su derecho a la vida incluye la tranquilidad, la seguridad, el saber que la justicia impera y que los mecanismos sociales, inventados para vivir mejor, funcionan.
Y con este tipo de acontecimientos estamos enseñando a niños y adolescentes que la vida puede verse como una paradoja; es decir, se debe respetar, pero todo depende de las circunstancias...