
Tenía fama e influencia. Era el periodista estrella de la cadena Univisión y su corresponsal en la Casa Blanca, en Washington. Donde había una gran noticia, allí estaba Guillermo Descalzi reportando.
En la pantalla, este hombre de estatura regular era imponente. Con gran aplomo, informaba de la política mundial, de las decisiones de Ronald Reagan o George Bush, del proceso de paz que impulsaba Oscar Arias en Centroamérica o de la guerra en el Golfo Pérsico.
Si un político latinoamericano era “importante”, durante su visita a Washington era de rigor una entrevista con Descalzi, ya fuera para el noticiero internacional de Univisión o para su propio programa, Temas y debates. Este reportero, nacido en Perú, dominaba con claridad los temas de la región y sus preguntas eran agresivas. De allí, su fama y su influencia.
Durante estos años, Descalzi vino varias veces a San José, más que todo para entrevistar a Arias por sus acciones de paz en el istmo.
Era un hombre extraño. Si acaso hablaba con otros periodistas y su seriedad parecía más bien arrogancia.
Abruptamente su rostro no apareció más en la pantalla. Hoy, su historia es pública. Descalzi vivió durante 15 meses -desde setiembre de 1994- como adicto al crack en las calles de Washington. Ese era su secreto: la adicción a las drogas.
Dependía de ellas desde los 18 años. Primero fue marihuana; luego cocaína. No quería ser descubierto y su paranoia llegó a ser tan severa que supuso que Univisión le espiaba en su casa por medio de cables de fibra óptica.
Ahora Descalzi regresó. En febrero fue rescatado por dos amigos suyos, los periodistas de Telemundo Pedro Sevcec y Enrique Gratas, este último director de Ocurrió Así.
Descalzi trabaja ahora en ese noticiero y su mensaje es otro: de lucha contra las drogas. Su recuperación aún es incipiente y por eso, desde aquí, a ese gran periodista le decimos: ¡no caiga de nuevo!