En 1979, Octavio Paz escribió unos estudios que tituló El ogro filantrópico . Se refería al amenazante fenómeno en México del cáncer del estatismo y la nueva clase a la que dio lugar: la burocracia. Esta la constituyen los empleados que se sentían dueños de las instituciones públicas donde trabajaban, los gastos faraónicos de la alta burocracia y la percepción que tiene ese grupo de que las instituciones están al servicio de ellos y no del pueblo.
Así corrompen los principios que les dieron origen y eso conduce a granjerías incontables para los sindicatos y los trabajadores con enormes costos para el país, ocasionando además corrupción e ineficiencia en sus servicios.
El Estado decía Paz pertenece a la burocracia que ha sido impuesta por los políticos, que ejerce su poder desde la casa presidencial, pasando por el Congreso y llegando al partido político ahí existente, el PRI. Ese fenómeno expresa producto de la Revolución Mexicana, que crea un partido único para que se terminaran las guerras entre los militares y los asesinatos y poder tener así paz política bajo la dirección de un Presidente todopoderoso, que ejerce el poder en forma alternativa y que pertenece a ese partido único.
Privilegiado itinerario. El partido, aparte de escoger al presidente, impone los diputados y a los miembros de la Corte, y recarga las instituciones públicas cada cinco años con sus partidarios. La burocracia viene así en continua ósmosis y sus miembros pasan, con cada cambio de presidente, del partido al Gobierno o al Congreso y viceversa. Prestándose así a la creación de un poder político que se aprovecha de eso para hacer negocios, aparece una corrupción masiva y, lo que es peor, acompañada de prepotencia e ineptitud en la función pública, donde se repiten las mismas figuras por años.
La corrupción en la administración pública mexicana es gravísima. Personas de irreprochable conducta privada y espejos de moralidad en su hogar, pero políticos al fin, no tienen escrúpulos en disponer de los bienes públicos como si fueran propios y, algo peor, no admiten críticas a sus actos, ni son limitados por el Presidente en la mayoría de los casos debido a la ayuda recibida de ellos.
Por esa razón, el sistema político mexicano empieza a convertirse en una reliquia, pero una reliquia temible, su derrumbe puede sepultarnos a todos decía Paz en esos tiempos. Su remedio dice, está en la evolución hacia una verdadera democracia política con transparencia en las decisiones y la escogencias de los mejores y no de quien ponga más dinero para la campaña. Todos somos culpables de la perpetuación de las mentiras políticas y de los engaños de cada gobierno, incluso, los intelectuales y el pueblo, ya que soportan esta situación por temor a algo peor.
Onerosa carga. Octavio Paz tuvo razón, la crisis apareció en México, y no solo política sino social, moral y económica. En ese país aún están por ello en el proceso de cambio, que está costando sangre, sudor y lágrimas. En Costa Rica, a partir de la revolución del 48, pasó algo similar, se consolidaron dos partidos políticos que han dado la impresión con los años de tener los mismos objetivos, ya que con el tiempo han demostrado poseer casi la misma ideología, ambos han ayudado a crear una gigantesca burocracia que eleva año con año el gasto público, con déficit permanente en la economía y abrumando al país económicamente, requiriéndose de múltiples impuestos para soportar esta burocracia.
La pérdida de la confianza del pueblo en sus dirigentes políticos y en sus gobernantes, debido a las fallas administrativas y a la corrupción que se repite en cada período, agregado a la ineficiencia en los servicios, ha creado un vacío de poder que ha dado oportunidad a pequeños grupos de sindicalistas para ocasionar conflictos para aumentar sus privilegios, sin importarles la razón y los fines para las cuales se crearon las instituciónes donde trabajan y dejando de lado los intereses del país. El ejemplo de la huelga en el Seguro Social muestra la irresponsabilidad de estos al poner, por unos pesos más, en peligro la salud y la vida de los enfermos sin acordarse que a fin de cuentas son los que pagan sus salarios.
¿El ogro filantrópico ya está en Costa Rica. ¿Adónde nos llevará?