Estamos en lo que, para los católicos, es la época de adviento: un período que antecede a la celebración en recordación del nacimiento de Jesucristo.
Es un período que, no obstante su significado religioso y espiritual para todos los cristianos, se margina por algo que es más común llamar "Navidad", como determinación sociocultural impuesta por la mercadotecnia que, junto a otras fechas igualmente importantes, simplemente se han "comercializado".
Lo que hace más de 50 años, aquí, en Costa Rica, donde aún no existía el aguinaldo, se celebraba realmente como Navidad; es decir, como natalicio del niño Jesús y se hacía con sumo respeto por su significado, con el tradicional portal, las luces de muchos colores en el mejor árbol frente a la casa y en las ventanas; los regalos para los niños, los insustituibles tamales y el rezo del Niño, con el correr del tiempo se ha trocado en frivolidad: consumismo acelerado.
Hasta el último céntimo. Es decepcionante que esta época de año, que podría celebrarse con la familia, con amigos y compañeros de trabajo, en paz, en tranquilidad, deba ligarse al consumo, como en maratón, cuya única meta es gastar hasta el último céntimo.
La gente, que sale en marejadas de todo lado, llena los comercios y su propósito es gastar en juguetes que en enero estarán inservibles; ropa que nunca más vuelven a usar; basura a más no poder; aumento de peso por la atragantada de estos días; de "goma" si no es que aún andan de tanda por la inusual ingestión etílica y, lo peor de todo, quizás con el resultado de algunas muertes que lamentar pues la violencia, paradoja de la época, se apodera de hogares, calles y cuanto lugar de supuesta "diversión" haya.
¿Serán esos los motivos de las celebraciones decembrinas? Seguro que no, pero es tanta la presión comercial que recibimos, que no hay posibilidad de retomar su verdadero significado.
Por lo anterior, es propicio que meditemos y que guardemos este tiempo para hacer un alto en el ajetreado camino de todo el año para disfrutar con nuestras familias, en un verdadero ambiente de amor y paz, que nos recuerde que celebramos que Dios nace y nos da esperanza, para continuar con ese propósito vital que nos dio Él al enviarnos temporalmente a este mundo.