Aquella frase de nuestras abuelitas se vuelve cada día más palpitante realidad. Magallanes fue el primero en recorrerlo, el mundo, es decir el pañuelo, de cabo a rabo y entonces como ahora, hubo incrédulos que no veían&...;más allá de la nariz. Al rato por eso es que Shakepeare, en su Otelo y sin salir de Stratford on Avon, supo sensibilizarnos por lo dramático que puede haber en ese mismo pedazo de tela (y de paso en el mundo de los sentimientos). Desde perspectivas muy distintas, ambos dieron a la humanidad lecciones sobre la importancia de ese implemento imprescindible. Ahora bien, una cosa es la realidad y otra, bien distinta, la percibida. Como no es lo mismo ver que observar, tanto la lengua como la imagen pueden contribuir a una perspectiva en profundidad, pero es también grandemente cosa de nosotros.
Ese mismo pañuelo también conviene apreciarlo en el tiempo. "Democracia, ¿cuántos crímenes se cometen en tu nombre?", habría que gritar ahora. En este día 60 (¡ya!) del bombardeo sobre Serbia, un querido amigo me manda un correo electrónico con regiones y fechas donde desde la Segunda Guerra Mundial hubo bombardeo norteamericano. Cito, nada más, los países latinoamericanos : Guatemala en 1954 (también en 1960 y otra vez en 1967-69), Cuba 1959-60, Perú 1965, Granada 1983, El Salvador y Nicaragua en un tiempo que por algo se llama la década perdida, Panamá en 1989&...; y la pregunta que sigue es ¿en cuántos de esos países (con ese método de "enseñanza") siguió un gobierno democrático y respetuoso de los derechos humanos? No se pretende justificar a sátrapas como Noriega, pero es interesante comprobar que la historia se repite (ese pañuelo ya está muy usa-dito). Pero, a golpe de imagen (en forma amarillista además, que es lo que se vende) pretenden que lo veamos como nuevo.
Importancia del receptor. Esa situación sólo es posible por la ausencia de instancias calificativas de justicia y de derechos humanos en el plano universal. Pero otro elemento entra cada vez más en juego: es el llamado "factor K" (por knowledge), según la expresión de Galbraith (para que no digan que soy anti-yankee). Si el economista de renombre se refiere específicamente a la incidencia de la high tech en la comunicación, yo, más modesto, subrayo por ahora la importancia no tanto del medio, sino del mismo receptor. A este le toca el esfuerzo de ubicarse conscientemente en este pañuelo (¿desechable?) en que le tocó vivir (y vivir no es solo ver, sino percibir). Nuestros estudiantes ven más, pero miran menos.
Un alumno señala que escribe "en lengua casteñalla" (¡¡sic!!). Por el gazapo ortográfico, sospecho que no tiene idea de dónde está Castilla, ni sabe que "siempre la lengua fue compañera del imperio". Se me dirá, ¿cómo ver el mundo con una perspectiva que no sea de simple escaparate, si en la misma política internacional con su portavoz ce-ene-ene (el Nebrija del nuevo imperio), nos vendan los ojos y nos atan los zapatos al suelo? Pero allí, como en todo, no esperemos que otros nos liberen. No le echemos nuevamente la culpa siempre a la tele, los maestros, etcétera). Tanto con la imagen como con el idioma, se trata de aprender a aprehender, a decodificar como personas "redondas" que en esta caso saben y sienten que el pañuelo en cuestión no se limita a su pobre visualización inmediatista; tiene ribetes geográficos e históricos y, por de pronto, tampoco es cuadrado. Pero allí está el problema, ¿para qué un pañuelo-mundo, si no se sabe utilizarlo?