El universo ya no existe. Ha sido sustituido por el “multiverso”. Esta es la última contribución de la ciencia al tremendo enredo que es descifrar lo que es la vida. El tema es nuevo y, por lo tanto, medio complicado, pero creo que será interesante para los lectores que pueden vagabundear un rato. Esta es, en forma resumida, la historia del “multiverso”.
Hasta la fecha, la comunidad científica ha partido de que el universo se creó como resultado del Big Bang, una tremenda explosión que ocurrió en medio de “la nada” hace 14 billones de años. Por medio de las fotos del telescopio Hubble, cuya única función es fotografiar las vistas extraordinarias de lo que sucedió hace millones de años en el espacio, los habitantes de la Tierra pueden admirar un sinnúmero de galaxias. Lo que estas poseen en común es que, todas, tienen órbitas elípticas. Y órbitas elípticas significa violencia. Incomprensible violencia. Violencia ni parecida a la que los seres humanos, con sus guerras, pueden crear. Que algunos en el planeta Tierra vivan proclamando la búsqueda de la paz en este universo, desde luego, representa una noble quimera, pero, de acuerdo con lo que el Hubble nos demuestra, nada tiene que ver con el universo o el “multiverso”, o sea, con la realidad.
Parte minúscula. El “multiverso” se refiere a millones de universos. Millones de Big Bang, de los que el universo es solo uno. Este es el tema de un reciente artículo de Paul Davis, profesor de Filosofía Natural del Centro para la Astrobiología de Australia. Lo que esta teoría nos pide, nada más, es que imaginemos que el actual universo, que se calcula que se extiende por cien millas más 23 ceros para todo lado, es apenas una parte minúscula del “multiverso”. Si el lector sentía, en ocasiones, que no comprendía el concepto del universo, pues esta nueva teoría no va a ayudar mucho a aclararlo.
Los astrobiólogos hacen un esfuerzo por limitarse a la exploración de este tema desde el punto de vista estrictamente científico, pero siempre, por alguna parte, salta el incómodo bichito Homo sapiens para enfrentar a la ciencia con lo que algunos científicos calificarían como sus supersticiones. Por ejemplo: todos los universos que vemos con la ayuda del Hubble parecen ser incompatibles con la vida. Y, por lo tanto, ni nos preocupamos por ellos.
Pero ¿por qué es que el universo en que existimos y que de vez en cuando nos preocupa resultó tan favorable para la vida como la conocemos? Porque, si solo por azar estamos viviendo, estadísticamente, las posibilidades de que la vida exista en la forma en que la conocemos son infinitamente bajas.
Al azar. Los científicos insisten en que la vida se produjo por selección natural. Al azar. Ahí es donde se complica aún más el asunto. Es cierto que la idea de “múltiples realidades” es antigua. Ha sido examinada en círculos filosóficos por siglos. Pero persiste la duda. ¿Por qué la naturaleza, selectivamente, ha sido tan favorable para que se produzca la vida? O, como dice Davies, ¿por qué las leyes de la Física han sido tan favorables para la vida si no tienen por qué favorecerla? ¿Por qué estas leyes han conspirado para crear, entre todo el “multiverso”, un universo favorable para la vida?
Un querido amigo mío, que se decía y, en efecto era, un librepensador, me dijo un día: “No sé si Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Pero sí sé que el hombre creó a Dios a su imagen y semejanza”. Ya murió. Lástima que no vivió suficiente tiempo para toparse con la idea del “multiverso”. Por lo menos le habría intrigado la posibilidad de que esta teoría solo tiene sentido si un Gran Arquitecto se hubiera encargado de favorecer la vida humana, a pesar de las infinitamente pocas posibilidades de que existiera.