Si en otras latitudes han inventado el WWW, aquí hace rato estrenamos la perspectiva al revés, el MMM (masaje mental del "maso"). En línea con mi colaboración anterior, quiero ahondar en el papel de la misma lengua como detector e instaurador de una visión de mundo: aparte del virus Chernobyl y otras lindezas que corroen nuestros discos duros, aparecen de repente expresiones que oxidan nuestra materia gris. Me refiero ahora al omnipresente "más o menos" que está contagiando a todo el mundo, entre los estudiantes a un promedio de un uso por minuto...
No, por favor, no se trata de oponerse, ni mucho menos, a la existencia de muletillas. Esas hacen falta en el hablar suelto y forman parte del arsenal de la comunicación fática. Tampoco puede uno ignorar que el menor esfuerzo constituye una ley universal de la lingüística evolutiva: desde un punto de vista conservador podríamos señalar incluso que lo nuestro es un latín mal hablado. Por último, nadie ignora que la lengua, por definición, nunca podrá expresar exactamente nuestros pensamientos o traducir nuestros actos.
Versiones variopintas. Pero peor que la gripe "quiebrahuesos" que nos invade, allí está ese monstruo de cien cabezas del "más o menos", a cada rato, como una plaga. Se sirve como tal o en versiones variopintas. "Más que todo, lo que quiere decir el autor es&...;", o "algo así", "para tener una idea". Dentro de la misma vaguedad prolifera también aquel "bastante" que no expresa nada. Como hasta en la escasez léxica tiene que haber variedad, porque en ella está el gusto, se disemina también por doquier el "básicamente" en vez del "aproximadamente" (que nadie utiliza, curioso). Alguien reprochará ¿pero no es que son "como sinónimos, o más o menos, o sea, &...;"? Total, cantidad de rellenos, no en las calles, sino en nuestras mentes. Conforman una impresión de "intercambio" donde abunda la paja (en todos los sentidos) frente al grano. Esta inflación en el hablar pasó del aula a los medios (¿o fue al revés?), como en aquella pregunta -auténtica y en vivos colores- al titular de Hacienda: "Señor Ministro, ¿podría explicar más o menos de qué se trata?".
En todas partes cuecen habas y el reduccionismo en el habla es natural. Pero entre nosotros ese nuevo "maso", por su incidencia, refleja y produce un estado menta : la patología del más o menos (¿Será por el creciente monopolio de cierto supermercado?). Por parte del emisor, allí está la confesión abierta de "qué pereza, ¿paqué voy a esforzarme en buscar términos precisos?, de por sí ya sabe de qué estoy hablando, o sea&...;; y por parte del receptor, como en el caso citado, equivale a una captatio benevolentiae... "suave, maje, hábleme en sencillo y si hace falta me lo repite, porfa, un toque, a ver si diay, o sea entiendo maso&...;".
Mac Luhan pronosticó para la aldea global que el mensaje se transformaría en masaje. En la versión tica de esta apocalíptica profecía, por influencia del medio y el qué dirán, donde todos deberíamos estar amasando la masa, nos amasamos el cerebro (el coco, dirán en otro registro), pensando que nos estamos comunicando. Con la cultura del "maso" consumimos palabras, pero no informamos nada. Cuidado, que al igual que la gripe y los virus electrónicos, también la mediocridad en la expresión resulta altamente contagiosa.