Opinión

El más lento vals

Debussy y Camille Claudel...

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Anochecía en París a principios de siglo y, en el frío de diciembre, una leve capa de nieve iba cubriendo los adoquines de las viejas callejuelas del Quartier Latin. La bella y joven mujer de ojos claros, tez pálida y labios carnosos deambulaba sin rumbo fijo, angustiada, deprimida, sin esperanza. Recién le había lanzado a la cara los cinceles y los mazos al robusto y barbudo, pero viejo -veinte años mayor que ella- profesor de escultura. Sin misericordia la despidió del taller, y con violencia la arrojó a media calle. Y vagaba desorientada, sin ilusiones. El ajenjo y las lágrimas enrojecían sus párpados abultados.








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