Si no fuera por la esclavitud psicológica, sexual, económica y social a que ha sido sometida la mujer desde los principios de la vida humana, los grados de pobreza extrema y sobrepoblación que amenazan la supervivencia pacífica de la humanidad serían menores.
Una mujer libre y educada conduce su vida sexual y reproductiva con responsabilidad; es decir, pensando en las consecuencias de sus actos. Una mujer libre y educada no se deja embarazar ligeramente. De no haber existido el machismo, que secularmente ha impedido la educación y la libertad femeninas, no tendríamos 6.400 millones de habitantes y miles de millones sobreviviendo miserablemente en las hacinadas ciudades y en los sobreexplotados campos del planeta.
Han existido varios estudiosos de las causas de la pobreza y la riqueza de las naciones, entre los que sobresalen Adam Smith ( La riqueza de las naciones ), Karl Marx ( El capital ) y Max Weber ( La ética protestante y el origen del capitalismo ).
Los buenos filósofos y políticos, desde tiempos de Solón y Pericles hasta nuestros días, han contribuido al conocimiento de este vital, terrible y complejo tema.
Aunque, siendo la pobreza tan extendida y dolorosa (nadie escoge ser pobre por gusto), llama la atención la carencia de libros de gran calado que la traten sistemáticamente. Esto tal vez se deba a la milenaria costumbre humana de no pensar o hablar de lo malo o feo. Sucede parecido con el incesto o el alcoholismo, tragedias humanas de gran vigencia, sobre las que cae un pesado manto de silencio.
Eso no es conveniente; lo bueno es examinarlo todo. Igual que algunos que han estudiado los problemas sociales, yo pienso que el machismo es una de las causas fundamentales de la pobreza. En otras palabras, existe una relación causal directa entre machismo y pobreza.
Verdad elemental. Está claro que toda mujer libre y educada tiene, en principio, solo los hijos que desea y quiere educar. Esto es lógico, es una verdad elemental.
Aun las mujeres esclavizadas por el machismo, la tradición y la ignorancia, no desean traer más niños al mundo de los que medio pueden criar; pero estas pobres víctimas, esclavas de los hombres y de tradiciones irracionales, sin libertad ni educación suficientes, no se valen por sí contra la fuerza del instinto reproductivo de los machos y terminan trayendo al mundo más hijos de los que hubieran deseado.
Así, las mujeres esclavizadas, que no tienen control de su sexualidad y vida reproductiva, se convierten, empujadas por los machos salvajes, en agentes reproductores de pobreza.
La biología femenina, la pobreza, la necesidad, la ignorancia y la esclavitud de las mujeres se unen al desenfrenado egoísmo del macho, en una vorágine de desigualdad e irracionalidad, y terminan sobrepoblando nuestro planeta más allá de lo razonable y sostenible.
Estudios recientes han llegado a la conclusión de que el planeta Tierra no aguanta más de 1.500 millones de habitantes al nivel de los países de mejor calidad de vida. Ya sobrepasamos esa capacidad cuatro veces.
Graves consecuencias. Dichosamente, hay un número creciente de libros modernos sobre el machismo y la libertad de las mujeres. ¡Qué bueno! Pero esto no es suficiente.
Es necesario traer a la superficie de la opinión pública e incorporar en los currículos educativos de nuestros niños y jóvenes, las terribles consecuencias del machismo y su relación con la pobreza. La ecuación machismo-pobreza debe ser estudiada y discutida en todos los ámbitos de la sociedad desde la más temprana edad.
El baldón del machismo, construido a través de milenios y apoyado abierta o veladamente por filósofos, religiosos y políticos, solo desaparecerá si convertimos el tema en asunto permanente de estudio y discusión. La civilización occidental ha ido abriendo tímidamente las puertas de la libertad a las mujeres. Lo que resta por hacer, que es mucho, ciertamente no vendrá de los machos ni de los sacerdotes o políticos que casi siempre ven con recelo los esfuerzos emancipadores de las mujeres.
Eso es algo constitucional en ellos. Mal haríamos en pensar que los hombres removerán las aldabas de un cerco que los dota de poder. Deben ser las mujeres, aisladas o asociadas, las que abran las puertas de la libertad y la educación, para que, en un par de generaciones, reduzcamos la infame ecuación machismo-pobreza. ¡Ojalá que todavía haya tiempo!