Los proyectos y propuestas de inversión del ICE, tanto en energía como en telecomunicaciones, para los próximos años, son de importancia para el desarrollo del país.
Con satisfacción, podemos decir a los costarricenses que el ICE cerró el 2004 con un saldo de caja cercano a ¢50.000 millones y con un superávit de operación superior a ¢30.000 millones. Tales datos, sin embargo, representan inversiones no realizadas o retardadas por el cumplimiento de disposiciones del Gobierno central. Tanto así que se procedió a invertir ¢40.000 millones en bonos de Gobierno para que este lograra cumplir con sus compromisos. Además, según los estados auditados externamente, entre el 2000 y el 2003, el ICE ha sido superavitario.
Sin embargo, el pasado 4 de enero, observamos de nuevo que el editorialista de La Nación manifiesta una serie de opiniones que, basadas en información del todo incorrecta, puede inducir al lector a graves errores en este importante tema. Remite además a un reportaje publicado el 25 de diciembre, en el que se incita a la confrontación con el criterio del Ministerio de Hacienda. Ya indicamos que el ICE no es una institución deficitaria, pero, como hemos comentado en otras ocasiones, la medición que se sigue realizando según la vieja fórmula del FMI (obsoleta desde el 2001) considera todas las inversiones como gastos, y las resta de los ingresos corrientes (pues no reconoce el financiamiento entre sus ingresos).
Fórmula absurda. La aplicación de esta fórmula a instituciones que generan sus recursos por ventas de servicios, como el ICE, y que por la naturaleza de los servicios que brinda debe invertir en mayor y mejor infraestructura y tecnología, recurriendo a figuras de financiamiento, es simplemente absurda.
Este editorial nos recuerda tiempos pasados, cuando tuvimos que conciliar posiciones con los funcionarios del equipo económico del gobierno pues cada uno tenía una responsabilidad legal que defender, y la nuestra era la que indica la ley constitutiva del ICE, que es asegurar el suministro continuo, con calidad y a precio razonable, de los servicios encomendados por dicha normativa. Lejos de "aislar" o separar, esto muestra la madurez de un equipo de profesionales, donde los criterios pueden ser divergentes, pero el bien que se busca, finalmente, es el del país. Lo cierto es que no por ello existe déficit real en el ICE, y no dejaremos de indicarlo así, pese a las desafortunadas apreciaciones del editorialista.
La dinámica de las finanzas del Gobierno central es diferente de la del ICE. El ICE funciona en forma totalmente autónoma, sin pedir ni recibir subsidios de otros entes de Gobierno. Los únicos ingresos corrientes son los de las tarifas por los servicios que presta, que permiten cubrir los gastos de operación. Por ser un excelente sujeto de crédito, puede acceder a estos en organismos financieros nacionales e internacionales, para lo que responde también con los ingresos corrientes y se respalda en sus activos. Esto último es importante resaltarlo, pues es el ICE el que responde por su endeudamiento. Y lo ha hecho de forma eficaz en los 55 años de existencia.
Planes de expansión. El Presupuesto Nacional no cuenta con partidas por transferencias o subsidios al ICE. Sin embargo, la inversión y obras que haga el ICE cuentan en mucho para el desarrollo del país y posiciona a este internacionalmente. Solo si el ICE detiene su inversión, paraliza sus obras o estanca su crecimiento, se marcará significativamente en los indicadores nacionales, y no por el inexistente déficit que se indicó en el reportaje y editorial citados.
El presupuesto del ICE está siempre balanceado, y la Contraloría General de la República únicamente autoriza ingresos respaldados en tarifas y préstamos aprobados. Los aumentos de tarifas que no se aprobaron habrían permitido al ICE generar un superávit mayor, que en condiciones adecuadas se traducen en mayor y mejor inversión para el país, o de acuerdo a las condiciones actuales y a la aplicación de esa anticuada fórmula del FMI, una reducción de ese inexistente déficit del ICE. La Aresep, sin embargo, no aprobó las tarifas.
El ICE no invierte caprichosa ni atropelladamente. Existen planes de expansión y desarrollo que se elaboran, revisan, evalúan y corrigen. Pero, sobre todo, que se han ido aplicando. Algunos sectores creen que deteniendo esas inversiones estaremos en mejores condiciones. Nosotros no solo creemos, sino que podemos demostrar, lo contrario.
Discusión sobre el tema. El fortalecimiento del ICE, además, incorpora hoy un compromiso contra la corrupción y la intromisión de sectores que desean aprovecharse de los negocios y servicios a cargo del ICE. Seguimos creyendo en la pertinencia de esta reforma de ley, que asegure la prestación de servicios de electricidad y telecomunicaciones con responsabilidad social, solidaridad y eficiencia, que permitan crecer al país y a sus habitantes.
Cuando concluíamos estas líneas, leemos con satisfacción la columna Sub/versiones, de Leonardo Garnier, del 6 de enero. Don Leonardo formó parte de un grupo de alto nivel que estudió a profundidad las finanzas del ICE. No podemos más que estar de acuerdo con sus planteamientos, pero, sobre todo, con su invitación a la discusión de este importante tema. No puede ser que creencias y presunciones, expresadas por distintos medios, sean los que pesen en la formación de opinión de los ciudadanos, por lo que mantenemos abiertos, como siempre, los canales del diálogo.