Hermosos artículos recientes hacen Justicia con mayúscula a Sor María Romero, por su similitud con la Madre Teresa de Calcuta, y tan de ámbito mundial como ella. Con un sentido ecuménico y esfuerzo cristiano sin fronteras, ambas vivieron luchando por los seres humanos desvalidos. Por eso reconforta saber que Sor María Romero fue beatificada por el Papa en Roma este 14 de abril.
El Hermano Pedro, santo de Guatemala, es otro destacado personaje de la Iglesia Católica, que pronto será canonizado. Nació en Tenerife, islas Canarias, el 21 de marzo de 1626. A los 23 años, el 18 de setiembre de 1649, tomó un barco rumbo a La Habana y de ahí a Puerto Trujillo, Honduras. Finalmente, caminó a pie hasta Guatemala, donde llegó el 18 de febrero de 1651. Desde entonces realizó en el vecino país obras de acentuada trascendencia material y espiritual, por lo que, por mérito propio, figura como uno de los precursores de la Seguridad Social que se fundó en 1946 y que, pese a los vaivenes, ha sido firme soporte de la relativa estabilidad social de Guatemala.
Educación y salud. El Hermano Pedro dedicó toda su vida, prematuramente extinguida a los 41 años, a la fundación de escuelas públicas de alfabetización, a crear el primero y único hospital para convalecientes en Guatemala y a propiciar movimientos sociales que, siglos después, ayudaron a forjar el ambiente para establecer el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social.
Estas líneas pretenden que se conozca más en Costa Rica la gran obra del Hermano Pedro en una época difícil, muy lejana de la modernidad que con grandes recursos caracteriza al mundo hoy. Se trata de otro gran centroamericano de corazón, que por sus indiscutibles méritos debe ser reconocido; así lo merecen sus obras y su inmaculada memoria. Será un gran honor para nuestros países contar con la beatificación y posterior eventual canonización de dos figuras ejemplares: Sor María Romero y el Hermano Pedro. Los agitados tiempos que vivimos se serenarán un poco si pensamos en el homenaje a esas humildes y grandes personalidades representativas de una religión pura y de un ilimitado amor al prójimo.