¿Por qué ningún Gobierno se ha preocupado en serio en la organización y funcionamiento de un sistema aduanero eficiente e integral? Esta es una de las tantas preguntas sin respuesta que flotan, desde hace mucho tiempo, en la esfera del Estado. ¿Por qué el Estado no realiza lo elemental, es decir, la puesta en marcha de un sistema tributario que le proporcione los recursos necesarios para satisfacer, con holgura y fluidez, sus cometidos principales en beneficio de la población? Tampoco esta pregunta tan elemental encuentra una respuesta racional.
La única respuesta es que esta función básica no le interesa, lo cual constituye una violación flagrante de los deberes fundamentales de los altos funcionarios que, directa o indirectamente, han tenido alguna relación con el sistema aduanero. Detengámonos en este y, para no retroceder demasiado en el tiempo, recordemos el ingreso marcial de dos ministros del actual Gobierno a la aduana de Limón hace dos años. En esa oportunidad, uno de ellos expresó que de esa aduana desaparecían los furgones como por arte de encantamiento. Creíamos que, a partir de ese momento, el orden y la eficiencia harían su aparición en las aduanas. Lamentablemente, no fue así. Más bien, han aumentado las denuncias de parte del sector privado y de los propios empleados del Ministerio de Hacienda. La última información apareció, el lunes pasado, en la edición de El Financiero , producto de un informe legislativo del mes de diciembre pasado sobre la subfacturación y la falta de aplicación de las normas de calidad de los productos importados.
Resumimos los aspectos más importantes de esta información, anclada en unas declaraciones frontales nada menos que del director general de Aduanas, José Antonio Rodríguez: "La subfacturación dice es un deporte nacional". Esta confesión sería suficiente para describir el estado deplorable del sistema aduanero nacional no solo por su origen, sino por las conclusiones que de aquí pueden extraerse. ¿Puede funcionar con un mínimo de eficiencia y de ética un sistema aduanero si la subfacturación es un deporte, es decir, una práctica normal y aceptada? Lo anterior explica el siguiente dato: de acuerdo con la comisión legislativa investigadora, el 80 por ciento de las mercancías no son aforadas ni revisadas físicamente, lo cual genera elevados niveles de evasión, contrabando, drogas y triangulación. Este último fraude consiste en presentar como originarias de otros países centro- americanos mercancías elaboradas o producidas fuera de la región. De este modo, en vez de someterse a aranceles de más del 40 por ciento, solo pagan el 1 por ciento. Se ha entronizado, asimismo, la práctica de la doble facturación o de facturas en blanco, gracias a la complicidad entre el exportador y el importador. En fin, el caos.
Todo esto es producto, según dicho informe, de una labor institucional deficiente, descoordinada y precaria. Para decir lo menos. Mas no solo es responsable el Estado. También deben asumir su culpa las agencias aduanales, así como los importadores y exportadores que han utilizado estos métodos espurios, que explican bastante certeramente por qué pudo desplegarse, también como un deporte nacional, el enorme tráfico de los CAT que, en buena hora, frenó el actual Gobierno. En suma, en vista de los datos aportados y de las declaraciones del director general de Aduanas, no sería superflua una explicación del Ministerio de Hacienda. Sería, asimismo, interesante saber por qué los gobiernos de Costa Rica han puesto tanto empeño, durante tanto tiempo, en pretender hacer chocolate sin cacao, esto es, en llevar a cabo sus funciones y cometidos fundamentales sin preocuparse, realmente, por los recursos...