Opinión

El gladiador de la fe

En su obra inagotable encontrará la humanidad el sentido que afanosamente busca para vivir con dignidad

EscucharEscuchar

Ayer descansó y partió hacia la casa del Padre el papa Juan Pablo II. Su agonía -que en griego significa lucha-- documentó, ante el mundo, lo que fue: atleta de Dios, gladiador de la fe. A semejanza de León I (440-461) y de Gregorio I (590-604), merece el calificativo de Magno por su incomparable personalidad y su inmensa labor, durante 26 años y 6 meses, como sumo pontífice, el tercer pontificado más largo en la bimilenaria historia de la Iglesia Católica. De él, como de otros gigantes espirituales de la historia, se puede decir que ha honrado la especie humana. En un mundo atenazado por la violencia, la pobreza, la incertidumbre y la indiferencia, la humanidad puede recurrir confiada a su legado, acopio de los más altos valores, propagados y vividos con coherencia evangélica y gallardía sin igual.








En beneficio de la transparencia y para evitar distorsiones del debate público por medios informáticos o aprovechando el anonimato, la sección de comentarios está reservada para nuestros suscriptores para comentar sobre el contenido de los artículos, no sobre los autores. El nombre completo y número de cédula del suscriptor aparecerá automáticamente con el comentario.