Opinión

El gilipollas computarizado

La tecnología, la nueva deidad; los tecnócratas, sus sacerdotes

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Vivimos en una época en la que el más desteñido oficinista, munido de un teléfono inalámbrico, adquiere por ello el derecho de creerse James Bond, y un escritor cualquiera puede vivir la fantasía de ser Cervantes por el mero hecho de tener una computadora que le corrige las faltas de ortografía. Desgraciadamente para él, resulta que Cervantes con una libreta y un lápiz seguirá siendo Cervantes, mientras que un gilipollas armado de una computadora no dejará por ello de ser precisamente eso: un gilipollas cuya capacidad para proferir gilipolleces se habrá visto magnificada por la tecnología puesta a su alcance. Triste cosa, el hacer de la computadora un mero disfraz de la mediocridad, en lugar del instrumento idóneo de la verdadera creatividad.








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