Hay un librito maravilloso, que, dentro de poco, cumplirá dos mil años de escrito y que todavía es pasmo e inspiración de la humanidad. Se trata del Evangelio según San Mateo. En la colección de esos textos siempre viene de primero, debido a la tradición de que fue el primero en escribirse, -aunque luego se ha demostrado que le anteceden un texto perdido, llamado Q, que contiene únicamente palabras de Jesús conocido como "fuente de Logia", y el de Marcos- no en griego, como está el actual, sino que procedía de un original semítico, escrito también por Mateo el publicano.
Se puede decir que el Evangelio de Mateo, de acuerdo con las últimas investigaciones y estudios, fue escrito por un judeo-cristiano quien había recibido una sólida formación bíblica y quien sabía también utilizar las escrituras, como "escriba instruido en las cosas del Reino de Dios", para mostrar así el mensaje de Jesús y fundamentarlo bien ante las malvadas objecciones judías.
En el Evangelio se alude a la destrucción de Jerusalén en el año 70 de nuestra era y se percibe ya que las comunidades cristianas están enfrentadas con las sinagogas, pero todavía no están separadas. Por esas situaciones se puede colegir que su composición puede haber sido alrededor del año 90 d.C. y en Siria, porque allí cristianos y judíos vivían muy juntos. Hay unos pasajes que son narrados únicamente por Mateo y no aparecen en los otros evangelios, como la adoración de los Magos, la huida a Egipto y la matanza de los inocentes. También se refiere al Juicio Final y a la aparición del Resucitado en la que este confía a los apóstoles una misión universal.
Honor del genio humano. Así las cosas, de este notable librito, entre muchas obras geniales, han brotado dos muy especiales, al menos para mi gusto. Una es la Pasión según San Mateo de Juan Sebastián Bach, y la otra, una obra plástica bellísima, delicada y casi etérea, como si se fuera a borrar, y es el Evangelio según San Mateo de Pier Paolo Passolini.
La primera es una obra monumental. Una de las creaciones más grandes de la inteligencia humana. Bach la dividió en dos grandes secciones que duran cada una más o menos una hora y media. En la obra concurren varios solistas, entre los que se encuentran como primordial el Evangelista, que va diciendo el Evangelio. Luego un cuarteto de voces encargado de arias y recitativos y, además, todos los personajes de la Pasión, comenzando por Jesús. La obra está compuesta para dos coros, que llevan flautas, oboes, violines y violas da gamba, que podríamos llamar es la I Orquesta, con su respectivo continuo, compuesto por violoncello, contrabajo, fagot y órgano, que se repiten para el continuo de la II Orquesta, un poco más pequeña que la primera. La obra alterna entre los recitativos del Evangelista -bien difíciles- con corales y recitativos y arias de los cuatro solistas. Generalmente se divide en 68 números, aunque algunos se subdividen con letras, de acuerdo con la Neuen BachAusgabe.
Las secciones Nº 60 (70) y Nº 67 (77) de 12 Pasión de Bach nos lanzan a contemplaciones exquisitas y extraordinarias. El primero es un aria de la contralto con coros ("Ve al Señor con los brazos abiertos, quien nos atrae. Venid... Descansemos en los brazos del Señor") y, el otro, es un recitativo de los cuatro solistas con coro ("Ahora ya el Señor está colocado para descansar. Mi Jesús, buenas noches. Su tarea está concluida, por todos nuestros pecados está muerto; mi Jesús, buenas noches").
Esta obra la rescato del olvido, recortándola considerablemente Felix Mendelssohn, quien la reestrenó en Berlín el 11 de marzo de 1820. Ahora cumpliría 169 años de resucitada, pues ella -inexplicablemente como todo Bach-, había caído en el olvido. Cada representación posterior a esta llevó a pensar que había que tocarla como Bach la había concebido -para no destruir su maravillosa arquitectura y simetría- lo que no vino a lograrse sino bajo la dirección de Siegfried Ochó en 1915.
Cuando Bach creó la obra estaba en lo más alto de sus poderes creativos. Puede que cuando la obra se estrenara en Leipzig, el 14 de abril de 1729, la gente no se diera cuenta de la verdadera significación que esto tuvo para la historia de la música. Las grandes fuerzas musicales que exige, sus proporciones monumentales, su concentrada expresión y su amplia apertura dramática la convierten en un monumento -repito- a la belleza que puede crear el hombre y a la inteligencia humana.
Austeridad y trascendencia. La otra obra, la de Passolini, fue estrenada en 1966. Es una obra no convencional. Es una película muy austera sobre la vida y enseñanzas de Jesús y está basada solamente en el Evangelio de Mateo. Los actores no son profesionales -en la obra actúa hasta la madre del director-, se mueven con una distinguida, quieta y solemne dignidad. Hay mucho de lucha espiritual en la película contra las aflicciones de la injusticia social. La música de la película, por supuesto, incluye grandes secciones de la obra de Bach, ricamente combinadas con una misa africana, con spirituals, con la Grosse Messe de Mozart, algo de algún film de Prokofieff (creo que Alexander Nevsky) y Anton Webern.
La película es un estudio en fisonomías y experiencias. Resaltan los rostros y los ojos de los personajes. El paisaje en que se mueven las figuras es pobre y desértico. Las ciudades son conglomerados de casas ruinosas y sucias. Todo el paisaje es deprimente. Un gran logro del director.
Cuando se ve esta obra y se oye la Pasión parece que la naturaleza entera toma una expectación extraña, como si fuera a ocurrir un gran acontecimiento, algo inusitado, como un cambio en la historia, como una extraordinaria nueva anunciación. El arcángel Gabriel de Passolini ya no tenía ni tiene alas iridiscentes de múltiples colores y zumbantes sonidos, como los renacentistas, sino que es una criatura azul vestida de blanco, translúcida, como las olas del mar. Aparece al principio y al fin de la película, pero sonríe con una sonrisa marina, tan silencioso, tan estático, tan inmóvil, como si buscara a Dios escondido entre los azules y los verdes de la naturaleza.
La belleza es, como solía decirse por algunos maestros medioevales franceses, el esplendor de la forma. Pero, ¿qué forma tendría esta música que se va cuando exalta y qué forma tendrá esa película que se borra cuando entusiasma y exalta?