La decisión de once jefes de Estado y de Gobierno de países que conforman la Unión Europea (UE), de adoptar paulatinamente, a partir del próximo primero de enero, una moneda única, que se llamará Euro, reviste enorme importancia a nivel mundial. Con miras al futuro los países de la UE signatarios del convenio, que constituyen un mercado de enorme poder de compra, operarán ante terceros como uno solo y para ello tendrán que armonizar y racionalizar sus políticas macroeconómicas.
El Euro, que está previsto para ser adoptado gradualmente por los once países entre el año 1999 y el 2002, será la moneda común en la UE con excepción de Gran Bretaña, Suecia y Dinamarca, que optaron por mantenerse fuera. El éxito de una moneda única depende de la credibilidad con que dentro del bloque se maneje la política fiscal y la monetaria. Por ello, los inversionistas internacionales han tomado como signo positivo que el nombramiento del primer presidente del Banco Central Europeo (BCE) haya recaído en el holandés Wim Duisenberg, quien es respetado por su habilidad técnica y su firmeza ante las presiones políticas.
A Duisenberg se espera le siga, como Presidente del BCE, Jean Claude Trichet, exministro de Hacienda de Francia y presidente del Club de Paris, foro al que países en vías de desarrollo, como Costa Rica, tantas veces han recurrido para renegociar sus deudas bilaterales. Trichet también es conocido por "la inquebrantable defensa del dinero estable" y su aprecio por "la rigurosa gestión de estabilidad de las finanzas públicas".
Si, como bloque, los países de la UE que han decidido operar con el Euro mantienen la disciplina fiscal y monetaria, las relaciones comerciales de terceros países con los once de la UE podrán ser estables. Esto facilitará el cálculo económico. Una UE homogénea en el manejo macroeconómico tenderá a reducir las ventajas comparativas que inicialmente operaron entre los países que la conforman.
Desde la perspectiva costarricense, lo más interesante del Euro no es que a futuro las operaciones con los países de la UE se realicen en una sola moneda, en vez de expresarlas en marcos alemanes, liras italianas o pesetas españolas, sino que detrás de este instrumento se suscribe el firme compromiso de un importante conjunto de naciones de mantener bajo control las principales variables macroeconómicas. Si nosotros sólo lográramos imitar esa conducta, habríamos ganado mucho con el esquema del Euro.