El periodista y escritor Carlos Cortés publicó "El Cenac y la cultura" ( La Nación , 6/5/06) y se sumó de esta forma al movimiento de incredulidad, primero, y lucha, después, que despertó en los costarricenses la idea atribuida al presidente Óscar Arias de trasladar la Casa Presidencial al Cenac.
Sin entrar en lo descabellado de la idea de este traslado -haya sido de quien haya sido-, no quiero dejar pasar tres afirmaciones de Cortés en este artículo, que me parecen peligrosas y falaces: "desde un punto de vista patrimonial, la decisión es pertinente. La visitación a los museos y teatros del Cenac es escasa. La mejor defensa del Cenac (.) es pelear por un asunto de fondo: más y mejor política cultural".
¿Cuántas y cuáles? Siendo Cortés periodista de larga trayectoria, me veo en la obligación de preguntarle: ¿Tiene conocimientos en arquitectura patrimonial? ¿Conoce las leyes que regulan el patrimonio del país? ¿Sabe siquiera cuántos metros cuadrados tiene la actual Casa Presidencial y cuántos el Cenac? ¿Sabe, de los del Cenac, cuántos son sujetos a remodelación y cuánto costaría hacerla? ¿No es una impresión ocurrente la de que la "visitación" es escasa? ¿Dónde están la investigación y las estadísticas que avalan su afirmación? ¿A cuántas y a cuáles actividades del Cenac ha ido para hacerla? ¿Cuánto es una cantidad escasa? Escasa ¿en relación con qué? ¿Con un espectáculo de Luis Miguel? ¿Con el Museo del Louvre? ¿Con una sala de 50 butacas llena cada noche y que por ello se considera un éxito?
Efectivamente, Cortés aclara y sugiere varias acciones con las que coincidimos: defender una mejor política cultural, más espacios y mayor presupuesto. Hace décadas que el sector cultural viene defendiendo esto y muchas otras cosas más, ante gobiernos sordos y conformes con las gestiones de sus ministros de Cultura. Suponemos que conformes pues no han hecho cambios que recompongan un camino que, según Cortés afirma, es claramente errado.
Editoriales y salones. Que el Estado costarricense no tenga políticas culturales porque los partidos políticos tampoco las tienen no significa que sus creadores no las tengamos y que los espacios dedicados a la cultura se puedan invadir. Si las bibliotecas no se llenan masivamente no significa que las debamos transformar en salones de recepciones diplomáticas. Si eso fuera así, transformemos las editoriales nacionales en salones de conferencistas internacionales, ya que la mayoría de las novelas nacionales publicadas no se leen como el número de ejemplares publicados y sus autores quisieran. Transformemos las escuelas en talleres de trabajo infantil, dado el problema de deserción escolar que enfrenta Costa Rica.
Transformemos la Asamblea Legislativa en una sala para la prensa internacional, si a cantidad de sesiones, quórum y "productividad" (que creo que sí parece ser muy escasa) nos referimos. Finalmente, si siguiéramos esta lógica, los gobiernos democráticos de nuestros países deberían eliminarse, dada la política social, de salud y los "planes de gobierno" que han desarrollado en lo que va del siglo y buena parte del anterior.