Opinión

El caso de Omar

Consecuencia sangrienta de los vicios

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Salvador iba de regreso a su casa. Soñoliento y cansado, caminaba por aquella calle empedrada, a la una de la mañana, con el cielo iluminado por la Luna y las estrellas: Marte, Venus, Orión, Cirio... estaban refulgentes. La paz del firmamento inundaba su alma y lo hacía meditar en tantas cosas de la vida. Soplaba una brisa suave y fresca. Mudo y solitario, le sorprendió una voz salida de la sombra de un higuerón corpulento y frondoso. Espejos de plata dibujaba la Luna cuando la brisa movía el ramaje.








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