Opinión

El caso de Centroamérica

Los Estados ante el juez internacional

El recurrir a un tercero para que juzgue sobre la base del derecho la conformidad o no de la actuación de un sujeto con normas establecidas ha constituido un proceso normal en toda sociedad humana. En la sociedad internacional, este proceso se dio -y se sigue dando- con extrema cautela por parte de estados soberanos. El principio fundamental, consecuencia del de la soberanía del estado, es que el arreglo (jurisdiccional o no jurisdiccional) de las controversias es un arreglo voluntario, que las partes en un diferendo aceptan libremente y al cual no pueden ser obligados sin su consentimiento previo. Sin embargo, en el arreglo jurisdiccional, la intensidad de esta reticencia en ir ante un tercero está precisamente en la base de la distinción teórica entre los medios jurisdiccionales de solución pacífica de controversias: por un lado, el arbitraje (en el cual el grado de libertad de los estados es mayor en cuanto a la composición del órgano arbitral, las reglas procesales, el derecho aplicable); y por otro, el arreglo judicial (en el que los estados se encuentran ante un órgano judicial preestablecido, tanto por su composición como por las reglas procesales).

Al emprender el estudio de esta resistencia (que va en casos hasta una manifiesta repugnancia) de los estados para someter a la justicia internacional una controversia, Centroamérica manifiesta una situación muy peculiar en Latinoamérica.

Primer tribunal internacional. Esta pequeña región fue la primera en el mundo en crear un tribunal internacional: la Corte de Justicia Centroamericana (1907), que a partir de 1910 tuvo como sede la actual Casa Amarilla en San José. Si bien las intrigas internacionales de los Estados de la región en torno al proyecto de canal interoceánico -orquestadas durante el siglo XIX y parte del XX por Gran Bretaña y EE. UU.- fueron en parte responsables de la desaparición de este órgano en 1918 (a raíz de su sentencia relativa al Tratado Bryan-Chamorro y de la denuncia posterior de la convención que lo creaba por parte de Nicaragua en marzo de 1917), esta institución constituye el primer intento en la constitución de un tribunal internacional permanente. Los estados de la región continuaron esta experiencia pionera con otras instituciones: el Tribunal Internacional Centroamericano (1923) y, más reciente, la Corte Centroamericana de Justicia (estatuto aprobado en la Cumbre de Presidentes en Panamá en 1992 y que se instaló en Managua en 1994).

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