En 1918 Carlos Gagini escribió una novela titulada "El árbol enfermo". El autor pretendía mostrar cómo un higuerón agrietado se encontraba enfermo, es decir falto de vigor, carente de muchas virtudes antiguas, minado por diferentes vicios y dirigido por algunos políticos que prescinden la honradez y que no se identifican con los valores éticos. Este higuerón es un símbolo de esa Costa Rica enferma; la cual hay que curar a tiempo para evitar que su noble corazón sufra lesiones mortales.
Después de todos estos años su crítica aún persiste. En el año 2000, los costarricenses escriben otra historia. Curiosamente lleva el mismo nombre "El árbol continúa enfermo". Lamentablemente muchos de los problemas analizados en esa obra se han acentuado, carcomiendo nuestros mejores valores. Actualmente, Costa Rica se enfrenta a un enigmático futuro, el cual parece que está predeterminado por fuerzas negativas que producen un fuerte desencanto de los costarricenses por la política, lo político y por sus políticos. Observamos a diario en los principales medios de información la denuncia de un aumento de violencia contra las mujeres, los ancianos y los niños, el crimen, el hurto. El aumento de la pobreza y el abuso del poder.
La nueva bandera . Las mujeres estamos dispuestas a dar una batalla firme contra estos males que enferman nuestra sociedad. Queremos expresar hoy que en adelante retomamos la bandera de la limpieza electoral, de la honestidad de las promesas, la transparencia, el respeto al adversario. Bienvenidos los compañeros identificados con esta bandera.
Creemos fielmente que una tarea de la ética pública, de las instituciones públicas, de las organizaciones de la sociedad civil, es globalizar la justicia. Estamos conscientes de que la felicidad es un derecho de las personas. Las mujeres hacemos pública nuestra intención de llenar los espacios de poder que se abren; que no descansaremos hasta que los partidos políticos nacionales incorporen mecanismos de acción afirmativa y las condiciones necesarias para que cada día más mujeres ocupen cargos de poder y toma de decisiones.
Uno de nuestros principales objetivos es encontrar soluciones a estos males que tienen enferma a Costa Rica; es volver nuestros ojos a los sectores más desfavorecidos de este país y acabar con la corrupción. Trataremos de institucionalizar la honradez y la grandeza humana. De lograr la justicia social y la equidad de género. Cambiar el enfermizo letargo espiritual que carcome a nuestra adorada Costa Rica por uno que se caracterice por la transparencia en la gestión de las mujeres que ocupan el poder, que estén dispuestas a rendir cuentas, que puedan ser eficientes y que mantengan los oídos abiertos a los intereses de la sociedad.
Lo que tan solo ayer soñábamos, hoy es casi una realidad. Las mujeres del siglo XXI seremos la "nueva aurora de siglo", los molinos de viento que soplan con mucha energía hacia la transformación de una sociedad que incorpore en sus ideales "el reconocimiento de la semejanza y la humanidad; la idea de que los seres humanos debemos fabricar humanidad" (Savater). Ahora que tanto se habla de globalización, las mujeres hablamos de la "globalización ética", que no es otra cosa que la universalización de la justicia y la posibilidad de convertir los problemas en nuevas oportunidades.
(*) Estudiante del Doctorado en Gobierno y Políticas Públicas U.C.R.