Existe un sector en este país, al que yo pertenecí, que busca tener una educación de excelencia académica y con altos valores morales. Se trata de personas que pueden pagar por la enseñanza, pero que no tienen suficiente para asistir a un colegio privado. Qué bendición fue para mi el Colegio María Inmaculada de Moravia. Crecí en un lugar lleno de paz, amistad, donde el piso y las paredes eran relucientes, los baños limpios y hasta con agradable olor, los pupitres no tenían ni un rasguño y mucho menos un rayón. Era un lugar donde se fomentaban la fe católica y las actividades artísticas y deportivas.
Inexplicable. Nunca tuvimos nada que envidiar a un colegio privado. Recuerdo que íbamos a festivales deportivos a esos colegios y no podíamos creer que sus instalaciones estuvieran descuidadas y dañadas por los mismos alumnos que allí asistían. El personal docente era altamente calificado y capacitado para seguir las normas de conducta. Los jardines y pasillos tenían flores y lindos mensajes bíblicos enmarcados.
Proyección. Para graduarse, era necesario cumplir con 20 horas de trabajo social, en un hogar de huérfanos, asilo de ancianos o escuela. Teníamos retiros espirituales en los que se compartía con los compañeros de una manera sana, y a la vez fortalecíamos nuestra relación con Dios.
Qué agradecida me siento con mi colegio; parte de lo que soy se lo debo a él. Y como yo, existen cientos y miles de costarricenses que hoy se lamentan por la decisión del Ministro de retirar los fondos que se asignaban a colegios como el María Inmaculada. Yo imagino que el señor Ministro tiene muy buenas intenciones y fuertes motivos para hacerlo, pero es importante que toda Costa Rica sepa que este sector de la sociedad está muy dolido y pidiendo a Dios que suceda un milagro para que se dé marcha atrás.
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