El futbol nacional, como se ha comentado reiteradamente en esta sección, es mucho más que un juego, una empresa o un campeonato, que congrega e interesa a los aficionados de un país. Forma parte de una poderosa organización mundial, más numerosa que Naciones Unidas, con una normativa propia y globalizadora y, lo más importante, hermana a todos los pueblos y, en el seno de estos, a los más distintos sectores. Cada campeonato mundial, catapultado por los medios de comunicación, constituye un proceso clasificatorio sin parangón en el mundo.
Este deporte, cuya práctica formal se aproxima al siglo en nuestro país, representa una expresión de nuestra cultura. Nuestra participación en tres campeonatos mundiales ha acrecentado las exigencias y demandas de la población, así como la responsabilidad de los dirigentes nacionales. Estos, por consiguiente, no deben ser ajenos a esta visión grandiosa, en cuyo posicionamiento tienen un cometido particular su sentido de la responsabilidad y su preparación profesional. El repaso del historial del futbol costarricense pone de manifiesto la excelencia moral e intelectual de sus primeros dirigentes, de aquellos que echaron las bases de su desarrollo posterior. En el apogeo del futbol actual, y ante el descalabro moral que lo ha contaminado, conviene inspirarse en los valores de aquellos personajes.
Hay una nota distintiva, hoy, en el futbol mundial: la competencia por el mejoramiento y con ella la reducción de las brechas entre grandes y pequeños, sin que, paradójicamente, la pobreza o la pequeñez geográfica sean óbice para este ascenso, que se torna más objetivo y visible ante la realización del próximo campeonato mundial en Brasil en el 2014, ante el cual se entrevé cierta dosis de buena voluntad en nuestro país para hacer las cosas mejor que en otros años o en desterrar vicios y malas prácticas que, en otros tiempos, fueron nuestros peores adversarios.
Han surgido contratiempos, prejuicios y falsos conceptos sobre el proceso en marcha, pero esto no ha de ser motivo para desandar lo andado y para tirar por la borda las experiencias, buenas o malas, particularmente estas, recogidas de los partidos anteriores y, principalmente, de la participación de la Selección Nacional de Futbol en los torneos de Uncaf, la Copa de Oro y la Copa América. Mucho menos ha de ser causa de desmotivación o de mezquindad el balance entre victorias y derrotas, una visión errónea, por cierto, del significado de un proceso, cuyo hilo conductor debe ser precisamente el sabio aprovechamiento, con pensamiento crítico, de los errores cometidos. Como se ha dicho de parte de maestros en la materia, un proceso consiste en descubrir los propios errores para aprender de ellos. Así se ha llevado a cabo todo proceso en el orden científico, cultural, moral, educativo o económico. En estos procesos, el aprendizaje y, por lo tanto, el mejoramiento van de la mano de la guía y potencia del pensamiento crítico, del propio (autocrítica) y del de los demás, justo y necesario.
El error o el fracaso son consustanciales con todo proceso. Por lo tanto, el análisis de los fracasos resulta más fecundo y promisorio que el disfrute del triunfo, un campo en el que la política nacional representa el peor de los ejemplos. Estas son las ideas que han de dirigir la continuación del proceso iniciado en la Selección Nacional y ojalá en la visión integral del futbol costarricense. Cae de su peso, por lo tanto, la responsabilidad que viene a parar, en estos días, en los actuales dirigentes del futbol nacional en la escogencia del nuevo director técnico de la Selección Nacional, eje y líder de dicho proceso. Ojalá tengan la humildad y la madurez de apelar al consejo y madurez de otros profesionales que han acumulado experiencia y conocimientos en este ámbito de acción y de reflexión. Creemos interpretar así el sentimiento y los sueños de nuestro pueblo, anhelante de un buen desempeño de sus dirigentes en todas las actividades del país.