Paternalismo y clientelismo

 De nuevo los contribuyentes pagaremos los platos rotos de un fondo público

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El paternalismo es una pésima guía para el diseño e implementación de políticas públicas. Las razones son múltiples: subestima a sus posibles beneficiarios, reduce sus márgenes de iniciativa y responsabilidad, aumenta su dependencia y, así, a menudo hace crónicos los problemas que pretende solucionar. Pero suscita otro problema aún mayor: la frecuencia con que del paternalismo se pasa al clientelismo. Esto es, precisamente, lo que ha ocurrido con el llamado Fideicomiso de Reconversión Productiva (FRP).








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