El último informe de la Comisión Económica para America Latina (Cepal) revela que el producto interno bruto (PIB) en Costa Rica crecerá este año un 4% en términos reales. Ese porcentaje de crecimiento coincide con las proyecciones dadas a conocer recientemente por el Banco Central (4%) y superan las previsiones originales de esa institución a principios de año, cuando se publicó el Programa Macroeconómico para el presente y próximo años. ¿Cuáles son las implicaciones de las nuevas proyecciones para el desarrollo económico y social del país?
En primer lugar, una tasa mayor del crecimiento de la producción real, comparada con la originalmente prevista en el Programa Macroeconómico del Banco Central (3,2%), implica que la crisis ya ha sido prácticamente superada y que el proceso de reactivación de la economía interna se ha asentado con más firmeza. Atrás quedaron la recesión experimentada el año pasado y sus secuelas negativas en distintas variables económicas y sociales.
En segundo término, una tasa de crecimiento real de la producción del 4% significa que se revirtió la tendencia a la baja de los índices de desempleo y pobreza afectados sensiblemente durante la recesión del año anterior y que, quizás, ambos indicadores mejoren relativamente este año. Es, definitivamente, un signo positivo. Pero no es el final de la historia de la recuperación. El panorama se podría descomponer.
Las propias previsiones de la Cepal señalan que las perspectivas de crecimiento de la producción costarricense para el año entrante no son tan halagüeñas. En vez de una expansión vigorosa de la producción, resultado de la reactivación nacional e internacional, más bien se producirá un retroceso, pues es muy posible que se registre un porcentaje de crecimiento de solamente un 3% real. Eso augura nuevos retos económicos y sociales a los que habrá que ponerles mucha atención.
Si bien, la economía como un todo subirá un 4% en el 2010 (medida punta a punta), el índice mensual de actividad económica ha venido registrando un menor dinamismo en los últimos meses. La construcción, que es un sector generador de cantidades apreciables de puestos de trabajo, ha decaído un 12% en los últimos 12 meses, y todavía no se recupera. Algo similar sucede con la industria manufacturera, especialmente la ubicada en zonas francas, que se ha visto visiblemente afectada por las vicisitudes de la economía internacional.
La economía de los EE. UU. ha registrado alguna recuperación, pero los expertos advierten la posibilidad de una segunda caída, provocada, en parte, por la persistente caída en mercado inmobiliario, el pertinaz desempleo que se mantiene en niveles cercanos al 10% de la fuerza laboral (lo que deprime los niveles de consumo), y los efectos de la crisis financiera y bancaria en algunos países de la Unión Europea. Recientemente se hizo un test de estrés en los bancos españoles, y varias entidades importantes registraron debilidades preocupantes.
Si la economía internacional no está por recuperarse en la forma deseada, tampoco es de esperar que las exportaciones costarricenses, principal baluarte del crecimiento, despeguen como todos quisiéramos. Y sabemos que el mercado interno tampoco es suficientemente amplio como para sustituir un menor dinamismo del comercio exterior. Con una tasa de crecimiento de solamente un 3% no habrá crisis, pero tampoco será suficiente para generar todos los puestos de trabajo demandados por la fuerza laboral que normalmente se incorpora cada año al mercado, aumentar salarios y disminuir los niveles de pobreza, ni generar los ingresos tributarios requeridos para disminuir el creciente déficit fiscal.
Ante este panorama potencialmente complejo, se requiere una planificación muy puntual y realista por parte del Gobierno en cuanto a la estrategia a seguir. En sus manos está brindar las respuestas acertadas y actuar de conformidad. Conociendo la buena disposición de la presidenta Chinchilla a adoptar medidas favorables al interés nacional, no tenemos dudas de que brindará una respuesta adecuada.