Hoy iniciamos una serie de tres editoriales sobre la evolución de la economía costarricense en el 2010 y las perspectivas para el 2011. El primero analiza el acontecer económico en el año que termina; el segundo, la evolución y perspectiva de la economía internacional, y el tercero da un vistazo a los principales factores que podrían modelar las variables económicas el próximo año. El propósito es ofrecer a los lectores un panorama completo de dónde estamos y hacia dónde vamos en este cambiante campo del acontecer nacional.
Resultados mixtos. Si de alguna forma pudiéramos calificar el 2010, diríamos que fue un año de resultados mixtos: buenos logros en algunas variables, pero insuficientes en otras. El balance, sin embargo, es positivo: logramos salir airosos de la mayor crisis económica y financiera de las últimas décadas con tasas de crecimiento positivas en términos reales, y evitamos una recaída. Pero aún no nos enrumbamos con fuerza hacia nuevos estadios de recuperación, pues el índice de actividad económica mensual (IMAE) sigue perdiendo dinamismo, según los cálculos del Banco Central. Conforme reseñamos en nuestro editorial del lunes anterior, en octubre cumplimos diez meses consecutivos de ralentización de la producción, con una variación interanual de apenas un 2,9%. En enero, la tasa de variación era de un 6%.
Desempleo y pobreza . Íntimamente relacionados con las bajas tasas de recuperación están la evolución del desempleo, pobreza y desigualdad. Independientemente de los ajustes metodológicos que hacen más difíciles las comparaciones en el tiempo, lo cierto es que el bajo crecimiento de la producción en los últimos meses fue insuficiente para absorber mayores niveles de empleo. Si bien la tasa de desempleo abierto se ubicó en un 7,6% de la fuerza laboral, la realidad es que esa misma fuerza se redujo por la desidia –o, quizás, decepción– de las personas mayores de 15 años dispuestas a buscar empleo de acuerdo con sus capacidades y necesidades. El problema del desempleo se agrava por los cambios estructurales que enfrenta el sistema productivo, con requerimientos cada vez más técnicos sin la correspondiente capacitación de mano de obra.
La pobreza tampoco ha mejorado . Actualmente, supera el 21% de los hogares radicados en el territorio nacional, y un 6% se ubica en niveles de pobreza extrema. Esos niveles fueron, aparentemente, inferiores durante el leve periodo del ciclo expansivo, cuando la economía crecía a tasas reales entre 7% y 8% anual. Pero fueron, por así decir, flores de un día. Cuando la tasa de crecimiento de la economía se comenzó a contraer, la pobreza volvió a asomar su feo rostro y ubicarse en niveles históricos más conocidos, alrededor del 20%. Han pasado ya varias décadas y el país en ese aspecto no mejora. Todavía hay muchos nacionales y residentes en Costa Rica –alrededor de un millón– que pasan necesidades. Y ese hecho, en sí, junto con los resultados igualmente desfavorables en la distribución del ingreso, es una llamada de atención a las autoridades.
Política fiscal . Las finanzas públicas cumplieron una función típicamente anticíclica antes y durante la crisis: acumularon superávits en las vacas gordas y se tornaron en déficits durante las flacas. Pero en el inicio de la recuperación abandonaron el keynesianismo para deteriorarse preocupantemente. El déficit del Gobierno central rondará el 6% este año –como anticipamos y previnimos reiteradamente– gracias, en parte, a la menor recaudación por la ralentización económica, pero fundamentalmente por el incremento en los gastos permanentes en sueldos y salarios. Además, cuando se recuperen las tasas internacionales de interés y se contabilicen los gastos por intereses asociados con la deuda pública, que se ha venido incrementando, el resultado será aún más deficitario. Y no sabemos todavía cómo se comportarán este año las finanzas del resto de las instituciones estatales para conocer el verdadero déficit del sector público consolidado. Como se sabe, es el resultado global el que incide en la demanda agregada y, por tanto, en el desequilibrio macroeconómico y de la balanza de pagos.
Balanza de pagos. Si no fuera por las entradas de capital, especialmente la inversión extranjera directa, el déficit en la cuenta corriente habría sido inmanejable. Las exportaciones crecieron alrededor de un 9% –cifra nada despreciable dada la experiencia histórica– pero las importaciones más que duplicaron ese porcentaje para superar en un 22% el nivel alcanzado el año anterior. Sumadas las transacciones por servicios (hotelería y turismo, call centers ), el déficit en la cuenta corriente creció este año hasta llegar a un porcentaje cercano al 5% del PIB. Eso revela, definitivamente, los efectos de la política fiscal expansiva y demuestra que la política monetaria y crediticia tampoco fue indebidamente restrictiva, como señalan algunos. Bien que mal, el gasto (y bienestar) de los costarricenses creció este año, gracias, en parte, a las generosas entradas de capital.
Política cambiaria. Fue, quizás, la que más controversia generó por la apreciación del colón observada en este período, alrededor de un 13%. Los exportadores y banqueros privados expresaron su desaprobación, pues estaban acostumbrados a una constante devaluación. Los importadores, consumidores y el Gobierno, por el contrario, experimentaron un alivio, pues la flotación de hecho abarató el saldo de las obligaciones denominadas en moneda extranjera y permitió una reducción en las tasas de interés en colones que se sintió en los respectivos flujos de caja. Si bien todos hubiéramos preferido mayor estabilidad en el tipo de cambio, es importante señalar dos aspectos fundamentales: una cosa son las oscilaciones del colón, normales en todo régimen de cambio libre, y otra, muy distinta, la tendencia que pueda presentar el valor de nuestra moneda, dados los cambios en los denominados “factores fundamentales”.
La política cambiaria, sobre todo la observada al principio del año, influyó favorablemente en la política monetaria, pues impidió contaminar la programación monetaria con emisión no programada por la adquisición de divisas. Aunque las cotizaciones golpearon por dos días la banda inferior (por razones estacionales) en este mes de diciembre, rápidamente se ubicaron de nuevo dentro de las bandas, y es de esperar que ahí permanecerán el próximo año. El colón parece haberse ubicado en una nueva zona de equilibrio, más cercana a la banda inferior. Y harían bien las autoridades en tratar de no alterar artificialmente su valor. Su acción principal debería centrarse en mantener la estabilidad, aspecto que pasamos de inmediato a considerar.
Estabilidad. La menor inflación fue, quizás, el aspecto más sobresaliente de la política económica en el 2010. Medida por las variaciones en el índice de precios al consumidor (IPC), probablemente se ubicará, por segundo año consecutivo, dentro de los parámetros fijados por el Banco Central en su Programa Macroeconómico, alrededor del 6%. Pocos creían que el Banco alcanzaría su meta. Nosotros, sí. Y, sin embargo, gracias a esa menor variación se protegieron, en parte, los salarios reales, la pobreza e, indirectamente, la distribución. Mantener una baja inflación tiene, decididamente, efectos sociales y económicos muy positivos.
Próximamente no referiremos a los aspectos más sobresalientes de la economía internacional y sus efectos en las perspectivas de la economía costarricense.