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Editorial: La ley de empleo público debe ser eficaz

La nueva ley de empleo público podría ser un ‘saludo a la bandera’, para emplear la expresión del constitucionalista Rubén Hernández, si conserva la posibilidad de firmar convenciones colectivas

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El constitucionalista Rubén Hernández Valle y el exdirector del Servicio Civil José Joaquín Arguedas, el primero con la vida dedicada al estudio del derecho público y el segundo, con 40 años de experiencia en la institución encargada de las políticas de empleo estatal, unen sus voces para advertir de la ineficacia del proyecto de ley sometido a examen de la Asamblea Legislativa para corregir las graves distorsiones desarrolladas a lo largo de décadas y causantes de la insostenibilidad de la planilla estatal.

El proyecto conserva la posibilidad de firmar convenciones colectivas para normar las relaciones entre las instituciones públicas y sus servidores, y esa es, precisamente, una de las principales razones de la dispersión de beneficios, privilegios y sistemas de remuneración en el Estado.

La ley de empleo público pretende lo contrario: uniformar los sistemas de remuneración mediante un salario global y parámetros semejantes para ofrecer igual salario por el mismo trabajo en todos los rincones del aparato estatal. La negociación de convenciones colectivas invita a la paulatina creación de privilegios y regímenes especiales, como ha venido sucediendo hasta ahora.

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