Editorial

Editorial: Gestión municipal de la infraestructura educativa

Es indispensable recordar que cuando se habla de trasladar funciones a las municipalidades, se habla de 84 entidades muy disímiles

La escuela Andrés Briceño Acevedo, ubicada en el distrito Quebrada Honda del cantón de Nicoya, en Guanacaste, será rescatada de su deterioro, gracias a un proyecto de restauración que resultó ganador del certamen "Salvemos nuestro patrimonio histórico arquitectónico" 2016.
El anuncio de la propuesta ganadora se realizó esta mañana (3 de agosto del 2016) en la sede del Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural, dependencia del Ministerio de Cultura que organiza dicho concurso  desde 1997.
El premio consiste en ¢120 millones que serán invertidos en obras para atender los daños estructurales, las fallas en los sistemas eléctrico y mecánico y el deterioro de los elementos arquitectónicos originales de este centro educativo guanacasteco.

En la imagen: 

Fotografía: Jose Díaz.
La escuela Andrés Briceño Acevedo, ubicada en el distrito Quebrada Honda del cantón de Nicoya, en Guanacaste, será rescatada de su deterioro, gracias a un proyecto de restauración que resultó ganador del certamen "Salvemos nuestro patrimonio histórico arquitectónico" 2016. El anuncio de la propuesta ganadora se realizó esta mañana (3 de agosto del 2016) en la sede del Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural, dependencia del Ministerio de Cultura que organiza dicho concurso desde 1997. El premio consiste en ¢120 millones que serán invertidos en obras para atender los daños estructurales, las fallas en los sistemas eléctrico y mecánico y el deterioro de los elementos arquitectónicos originales de este centro educativo guanacasteco. En la imagen: Fotografía: Jose Díaz. Jose Diaz

La Dirección de Infraestructura Educativa (DIE) del Ministerio de Educación Pública es una tragedia. La Nación informó al respecto en muchas oportunidades y las falencias se constatan a lo largo y ancho del país. Las órdenes sanitarias llueven sobre escuelas y colegios que, no obstante, mantienen las aulas abiertas porque no hay otro lugar donde dar clases.

Si el deterioro normal por el uso y la intemperie avanza sin freno, la reparación de daños por fenómenos imprevistos tarda una eternidad. Los efectos del terremoto de Nicoya en el 2012 persistían una década después en la mitad de los centros educativos afectados, para citar un ejemplo. Las obras nuevas no corren mejor suerte. Apenas una parte de las 103 piezas de infraestructura financiadas con $167,5 millones prestados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en el 2013 llegaron a prestar servicio.

Las deficiencias son graves y el propio Ministerio las ha reconocido. El Congreso ha llamado a cuentas a los responsables, pero poco logra mientras el deterioro continúa y los estudiantes de muchos centros educativos en todo el país asisten a clases en condiciones inaceptables. Urge una solución, ya sea el traslado de las responsabilidades a otra dependencia o el replanteamiento de la DIE.

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