Editorial

Editorial: El ataúd de la democracia salvadoreña

La reelección presidencial consecutiva y otras reformas constitucionales acelerarán el proyecto dictatorial. La popularidad que mantiene Bukele no es razón para justificar su brutal asalto a las normas democráticas

Handout picture released by El Salvador's Presidency press office showing US Secretary of State Marco Rubio (L) meeting with El Salvador's President Nayib Bukele at his residence in Lake Coatepeque, El Congo municipality, El Salvador, on February 3, 2025. (Photo by Handout / EL SALVADOR'S PRESIDENCY PRESS OFFICE / AFP) / RESTRICTED TO EDITORIAL USE - MANDATORY CREDIT "AFP PHOTO / EL SALVADOR'S PRESIDENCY PRESS OFFICE" - NO MARKETING - NO ADVERTISING CAMPAIGNS - DISTRIBUTED AS A SERVICE TO CLIENTS
Handout picture released by El Salvador's Presidency press office showing US Secretary of State Marco Rubio (L) meeting with El Salvador's President Nayib Bukele at his residence in Lake Coatepeque, El Congo municipality, El Salvador, on February 3, 2025. (Photo by Handout / EL SALVADOR'S PRESIDENCY PRESS OFFICE / AFP) / RESTRICTED TO EDITORIAL USE - MANDATORY CREDIT "AFP PHOTO / EL SALVADOR'S PRESIDENCY PRESS OFFICE" - NO MARKETING - NO ADVERTISING CAMPAIGNS - DISTRIBUTED AS A SERVICE TO CLIENTS MARVIN RECINOS

Uno de los últimos clavos que faltaban para cerrar el ataúd de la democracia salvadoreña fue colocado el pasado jueves, en medio de la oscuridad nocturna e institucional, por su sometida Asamblea Legislativa. No dudamos de que vendrán otros más, para terminar de asfixiarla, encerrarla y enterrarla. Lo ocurrido la semana pasada, sin embargo, es uno de los saltos más consecuentes y graves en el desborde autoritario que se ha impuesto sobre el país.

El proceso seguido para reformar normas de la Constitución hasta ahora consideradas como pétreas, refleja algo sobradamente conocido: el control absoluto que el autócrata Nayib Bukele ejerce sobre todos los resquicios del poder, el desdén por los derechos ciudadanos y el colapso total de los pesos y contrapesos gubernamentales. La sustancia del cambio es aún peor. Al permitir, entre otras cosas, la reelección presidencial indefinida, allanará y consolidará su perpetuación como dictador supremo, y su capacidad para imponer la voluntad personal sobre los ciudadanos.

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