Entre lo bueno de enfrentar a Uruguay en el repechaje por el Mundial de Sudáfrica, está el que venga con esa selección Diego Forlán pues muchos ticos, incluidos algunos periodistas, podrán comprobar que es humano.
Es una desgracia nacional la tendencia de los costarricenses a tirar por los aires todo lo extranjero y demeritar lo nuestro.
Apenas trascendió la justa declaración de Simões a la prensa de Montevideo acerca de que Uruguay tiene a Forlán y Costa Rica tiene a Centeno y Ruiz, las aves de mal agüero se burlaron de los locales y exaltaron a su dios.
Ojalá esos colegas puedan acercarse a Forlán –con suerte lo tocan– para que lo examinen y caigan en la cuenta de que no es extraterrestre, sino un simple mortal con defectos y virtudes.
A mí me apena escuchar a aficionados expresar que irán al Saprissa el 14 de noviembre a ver a Forlán meternos goles.
Y me molesta, sinceramente me molesta, leer y oír criterios de colegas metidos hasta las orejas en el futbol –algunos viven del bolompié –en los que retuercen las palabras para justificar su pesimismo y hasta ignorancia.
Incluso, a veces dan la impresión de no entender lo elemental pues insisten en sostener que Simões comparó al “deslumbrante” Forlán con Centeno y Ruiz, y eso es absolutamente falso.
Simões solo dijo que ellos tienen a Forlán y nosotros tenemos a Centeno y Ruiz. ¿Dónde está la comparación? ¿No es absolutamente cierto que Uruguay ve como figura a Forlán y Costa Rica a Centeno y Ruiz?
Lo que pasa es que algunos periodistas y comentaristas son especialistas en sacar punta a lo instrascendente ante la falta de criterio para tratar temas de fondo.
Si algo debe tener claro Simões en esta lucha por la clasificación a Sudáfrica, es que aquí la prensa deportiva, en muy buena parte, es perdedora y hace lo imposible por poner piedras en el camino para celebrar derrotas.
Supongo que ya Guimaraes y De Cerqueira –a quien un presidentito noctámbulo ansioso de protagonismo intenta borrar la sonrisa –se lo advirtieron, aunque le llevará rato comprenderlo pues no es fácil asimilar que todavía haya prensa creyente en fenómenos del más allá.
Además, Simões debe convencerse, para no mortificarse, de que aquí es prohibido ser expresivo como en su tierra, por lo que deberá autocensurarse para no dar material a charlatanes del periodismo.
¡Ah, y pululan los hipócritas, señor Simões!