
Lo que ni Jesús hizo, lo hizo ayer el padre Mínor Calvo: protestar contra las prostitutas.
El joven e inquieto cura encabezó una marcha de fieles hasta el hotel Radisson para manifestarse contra el encuentro de prostitutas latinoamericanas que, después de dos días de reuniones aquí, terminó ayer con un debate en ese local, y una fiesta, a la cual finalmente no me invitaron. ¡Será en otra!
Uno en realidad no sabe a veces dónde empieza la entrega a Dios del padre Mínor y dónde su júbilo publicitario, pero su actitud se me antoja contraria al sentimiento y fe católicos.
Con su gesto, el padre Mínor niega el profundo amor que el propio Jesús profesó hacia el pecador, en especial las prostitutas y adúlteras.
Yo para las citas bíblicas soy pésimo, pero me imagino que el propio padre Mínor se deleitará a menudo en las Sagradas Escrituras con los bellísimos pasajes de la grandeza de Jesús hacia esas mujeres.
Uno es el de Rahab, la prostituta de Jericó que llegó a tener la inmensa dicha de ser parte de la genealogía de Jesús, según lo señala Mateo, si mal no recuerdo, en el capítulo 1 de su Evangelio.
Otro, el de Jesús, ¡siempre Jesús!, quien al encontrarse a una mujer samaritana de la vida alegre, muestra su amor por ella y rompe precisamente con el racismo e hipocresía del hombre.
Y el otro, el de los religiosos judíos que pretendían matar a pedradas a la mujer adúltera. Nuevamente Jesús intercede por ella, le abre su corazón y lanza su bíblica sentencia de que aquel que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Cuando todos se hubieron ido avergonzados, Jesús se queda hablando con ella.
¿Puede haber mejor prueba de amor hacia la mujer pecadora?
El argumento del padre Mínor de que la protesta iba dirigida a la prostitución y sus explotadores es acomodaticio pues, de ser cierto ese sentimiento suyo contra estos, tendría que hacer muchas manifestaciones en San José con el mismo fin, y hasta ahora no le hemos visto ninguna. ¿Será que hacérsela a un congreso latinoamericano es más atractivo y espectacular?
Hasta donde tengo entendido, las prostitutas han venido aquí para discutir justamente sobre la persecución y maltrato que sufren por parte de las autoridades y la sociedad civil en América Latina.
Pero el padre Mínor, lejos del ejemplo de Jesús, hizo una manifestación contra ellas en vez de una procesión para orar por ellas, acercarse a ellas o hablar con ellas.
Hasta el comunicado de prensa de la Curia Metropolitana peca de lo mismo con su declaratoria contra el ejercicio de la prostitución. La manera de combatir esa actividad jamás será con boletines de prensa sino abriéndole el corazón a esas mujeres.
Actitudes como estas son la razón de que justamente tantas ovejas del rebaño estén perdiendo su fe en la Iglesia Católica, pues por la forma en que a veces esta actúa, pareciera ir a contrapelo de su verdadera misión redentora.
De ahí que flaco favor le hace el padre Mínor a su investidura de religioso al cerrarle las puertas a aquellos pecadores que, quizá deseando acudir a la iglesia en busca de auxilio o perdón, se arriesgan a una marcha de protesta, a un boletín de la Curia y a una condena. ¡Señor, perdónalos porque no saben lo que hacen!