La última vez que la saludé, quedamos de conversar. Después, se enredaron las cosas y, total, no nos pudimos volver a ver. Tampoco pude ir al entierro y, de allí, este saludo indirecto a su hijo y a la estimable familia.
De doña Victoria Garrón de Doryan me llamaba la atención una mezcla oportuna de cierta aristocracia de abolengo (cosa que no se improvisa) y sencillez con sinceridad directa. ¡Valores perdidos todos ellos en el trajín postmoderno y la farándula de las apariencias!
Actitud de búsqueda. Con ella me habría gustado ahondar en dos aspectos que le valoré especialmente. Lo primero, su actitud de búsqueda, como se refleja en sus escritos poéticos. Con el consabido riesgo de ser traidor, traduzco apenas unos versos de Bouquet de violettes (ed. Promesa, Costa Rica), como muestra y prueba de su creación, curiosamente en francés. Por ejemplo: "en medio de la vida/ esta marcha forzada/ donde resulta imposible una parada/ hecha un torbellino, ella se interroga: ayer, todo lo tenía claro. pero ahora/ preguntas sin respuesta". Se cuestionaba también su propio arte poético: el silencio se hace más denso, alrededor, y nace lo irreal o cuando, todavía ahora, la voz lírica afirma saber cómo encontrar la esencia de la expresión, es un tesoro. Así "anduvo, anduvo y anduvo" ella, en medio del mundanal ruido, observando por un lado el rocío pegado a la hoja, mientras por otro toma su determinación: queda mucho que hacer para darle un sentido más pleno a nuestra estadía.
Con los ojos abiertos. En doña Victoria seguiré siempre valorando su afán de ser lo que llamo "puente trasatlántico" con Europa. Para observar este aspecto de su quehacer vital, remito a Reencuentro con un diario olvidado (editorial Mirambell, Costa Rica). Se trata del diario de su primera estadía en Francia y otras partes, como becaria de la Unesco, en 1949. En este "blog", lo llamaríamos ahora, la anotación del 23 de febrero, desde Caracas, por un lado refiere a lo "extraño" y por otro a que "es divertido ser extranjera". Los términos remiten a una raíz única, claro está, pero los tomo como clave personal de esta singular dama: tener los ojos abiertos a lo otro, al otro. Años más tarde, en su introducción a El costarricense , el recordado Constantino Láscaris recomendaba y recomienda todavía lo mismo: "Para ver, es necesario extrañarse".
Querida y admirada doña Victoria: ya usted cumplió, con creces, con su familia, las letras y el país. Descanse ahora. Espero no estar todavía en el trance de Cervantes cuando se sentía "con un pie en el estribo"; ya habrá oportunidad de conversar, después. Porque aquí, en "este torbellino", como usted lo llama, de nuevo me ha pasado, igual que con su amigo Marco Tulio Salazar, también con doña Tina de Barahona, el doctor Gonzalo Vargas y. un largo etcétera: se me van de repente, justo cuando me apresto a conversar con ustedes, auténticos puentes trasatlánticos, en este caso específicamente con Bélgica, que me interesa más en particular. Por favor, mientras, le escribo mi correo: valembois@ice.co.cr , por si acaso.