Hemos escuchado hablar mucho de doña Rebeca durante los últimos años. Desde el inicio de su carrera profesional se dedicó al estudio y la búsqueda de soluciones a los problemas nacionales; sin embargo, la mayoría de los costarricenses no la conocieron hasta que apareció en plazas públicas y medios de comunicación invitándonos a retomar "el camino costarricense del desarrollo", en el que el bienestar del mayor número fuese a la par del crecimiento y la modernidad.
Posteriormente, cuando asumió la Vicepresidencia de la República, se entregó de lleno a hacer realidad el sueño de unir el desarrollo económico con el desarrollo social. Quienes tuvimos oportunidad de trabajar con ella -y quienes siguieron de cerca su labor- somos testigos de su compromiso con la construcción de una Costa Rica más próspera, justa y democrática, así como de su gran capacidad intelectual, creatividad paradigmática, enorme capacidad de trabajo y honestidad inquebrantable.
Resultados objetivos. En su momento, la opinión pública reconoció ese esfuerzo al ubicarla entre los mejores funcionarios del país. Hoy podemos apreciar resultados objetivos de su gestión en el éxito de casi todos los programas sociales que coordinó, como ha sido reconocido en los principales foros especializados del mundo. Doña Rebeca es responsable política e intelectual de estos logros, y es hora de que así lo reconozcamos.
Los costarricenses estamos orgullosos de nuestra democracia. Para fortalecerla, la labor de los funcionarios políticos debe ser evaluada con seriedad, equilibrio y respeto a la integridad moral de las personas. Ojalá que la próxima vez que algún funcionario público denuncie actos de corrupción, seamos capaces de recuperar los recursos perdidos y sancionar a los culpables, sin tratar de destruir a quien también fue víctima de las irregularidades. Solo así fortaleceremos la institucionalidad democrática y haremos posible, como necesita Costa Rica, que más personas decentes participen en política.
(*) Exministro de Hacienda