Jeffrey Sachs, director del Instituto de Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, decía recientemente en la revista Time que, irónicamente, la recesión que está viviendo Argentina tiene sus raíces en el dramático y exitoso paso que dio hace diez años, para terminar con la hiperinflación, el célebre ministro de Economía Domingo Cavallo, y que consistía en hacer respaldar cada peso argentino por un dólar. Al ligarse de esta manera el peso argentino al dólar, el destino del peso se ligó al del dólar.
El dólar sufrió en los noventas una importante apreciación debido al éxito de las empresas de alta tecnología de los Estados Unidos y, paradójicamente, a pesar de la caída reciente de los precios de las acciones de esas empresas, el dólar ha tenido la tendencia a aumentar su valor. Al carecer Argentina de una economía basada en empresas de alta tecnología como es el caso de Estados Unidos, el fortalecimiento del dólar llevó a las vetustas empresas argentinas a perder competitividad. Esta situación empeoró todavía más cuando Brasil devaluó su moneda y al desacelerarse la economía mundial.
Posición de Costa Rica. Por otra parte, podemos observar que México actualmente representa el polo opuesto. México desde la crisis de l995, lejos de buscar estabilidad mediante un tipo de cambio fijo, puso a flotar el peso. Esto, aunado a la verdad incontrovertible de que la apertura de los mercados de los países desarrollados produce prosperidad en los países en desarrollo (NAFTA), ha causado que México sea considerado, hasta ahora, como un país libre de contagio (dependiendo de si México logra o no mantener a raya el déficit fiscal y de si la desaceleración de la economía de los Estados Unidos no lo afecta demasiado).
Ante estas condiciones debemos preguntarnos si a Costa Rica le convendría dolarizarse, debido a que no solo perdería la oportunidad de realizar políticas económicas de estímulo (keynesianas) en el caso de recesión, sino que sus empresas perderían competitividad cuando el dólar se aprecia, volviéndose el país proclive a la recesión, sin otro remedio que aplicar la disminución de los salarios, como es el caso de Argentina actualmente.
Otra lección que debe aprenderse de las crisis de los mercados emergentes es la inconveniencia de endeudarse en dólares (como todos sabemos, el Gobierno de Costa Rica ha comenzado a dolarizar su deuda, y hasta recientemente, también ha habido una peligrosa tendencia de los ciudadanos que tienen ingresos en colones, a endeudarse en dólares). Países que se han endeudado fuertemente en moneda extranjera y llegan a una crisis de liquidez, se han visto en la necesidad de devaluar su moneda, pero, generalmente, aplican esta medicina demasiado tarde, por temor al incremento insostenible del valor de sus deudas en dólares. Según Sachs, eso explica la negativa de Argentina a devaluar -- junto con el temor a la pérdida en credibilidad que significaría el rompimiento del esquema diseñado exitosamente por Cavallo diez años atrás.
No devaluar a tiempo tiene el duro costo de tener que realizar una devaluación de mayores proporciones más tarde cuando el país, de todas maneras, haya pasado por un período de recesión causado por las altas tasas de interés, y sin haber logrado evitar tampoco la fuga de capitales ni la crisis bancaria. La lección que dejan estas experiencias a los países emergentes es, primeramente, que el éxito económico depende fuertemente de que los países desarrollados abran sus mercados a los países en desarrollo (como es el caso de México en NAFTA) y, en segundo lugar, que estos últimos deben ser cautelosos no solo para decidir si optan por la dolarización, sino para atreverse a endeudarse fuertemente en moneda extranjera. En este momento, como bien lo señala el renombrado economista de Princeton, Paul Krugman, en su reciente libro El retorno de la economía de la depresión , la mayor preocupación de los países ya no es tanto la inflación, sino la recesión.