Dicen el Presidente de la República y el Ministro de Hacienda que los tres decretos ejecutivos que han emitido en cuestión de un mes en materia de autos, solo vienen a poner "orden" en este mercado.
"Orden"... ¿qué querrán decir? Porque las medidas aplicadas para la importación de los usados lo que han traído es confusión y hasta un nuevo "chorizo". Y, de eso, no se han enterado ni el señor Rodríguez ni el señor Baruch porque les falta comunicación con los afectados, con los que tienen la mente atribulada por tanto cambio en tan poco tiempo.
Uno de los decretos es tan discriminatorio que hace una honda diferencia entre los importadores de un mismo carro usado: si es un "mayorista", es decir, aquel que tiene el negocio montado y vive de él porque trae varios al mes, paga un tributo menor que el "minorista", al que una vez perdida se le ocurre importar uno.
La diferencia de pago no es cualquier cosa: llega hasta 500.000 colones. Vea solo un caso: a una joven que compró un vehículo en los Estados Unidos por 3.000 dólares le cobraron 1,8 millones de impuestos, pero al "mayorista", 1,2 millones. ¿Qué hizo ella? Pagó una comisión al mayorista para que pusiera el carro como importado por él, y asunto solucionado: se ahorró los 500.000 colones.
A ese tipo de chanchullos es a lo que obligan esos decretos que salen de la noche a la mañana de la Casa Presidencial y del Ministerio de Hacienda.
Es cierto que el mercado de los carros se presta para subfacturación, para una millonaria evasión tributaria, pero el asunto no se arregla con medidas que aumenten el "chorizo" ya existente, sino con acciones mejor planeadas.