Opinión

Dios y la democracia liberal

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¿Evolucionismo o creacionismo? Esa es la polémica que vuelve a dividir ácidamente a la intelligentsia. Los neodarwinianos opinan que no es posible observar las huellas de Dios en la evolución de los seres vivos. Los cambios suceden sin que los guíe un criterio ético. Los creacionistas, en cambio, aseguran que no es posible explicarse la inmensa complejidad de la vida sin la intervención de un ser superior. Les parece, además, que los seres humanos tienen un profundo sentido moral que solo puede explicarse por la existencia de Dios. En principio, parece un inofensivo debate intelectual en el que se trenzan y confunden la ciencia y la teología, pero no es cierto. La controversia afecta a la raíz misma de la civilización occidental y a largo plazo puede tener unas tremendas consecuencias en el plano político. Toda la armazón filosófica y jurídica sobre la que descansa la democracia liberal se articula en torno a la existencia de un ser superior del que emanan los "derechos naturales" que protegen a los individuos frente a la acción del Estado o frente a la voluntad de otras personas. Si desaparece la premisa de la existencia de Dios, la hipótesis de la existencia de derechos naturales queda automáticamente eliminada y se le abre la puerta a cualquier género de atropellos.








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