En pocos días se acumularon varios casos, preocupantes, que inducen a pensar que los dos componentes del título no se entienden y, peor, no se practican.
El día de las elecciones, este matutino reportó "una trifulca en voto de Abel", a "forcejeos y "empellones", "zafarrancho", "tropel", "empujones", "candidato golpeado en una pierna", "barullo", etc. Nada grave, si se ve "a la tica" y se cubre bajo el modismo de "amores que matan". El día anterior, el ahora presidente electo trató a un columnista de "chihuahua desdentado y cacreco", con un léxico y un uso "metafórico" que, ni remotamente, corresponden a lo que uno espera de un hombre de Estado, ni en campaña. No importa la persona del periodista ni el motivo; si por la víspera se saca el día, preocupa el estilo que se anuncia. Leo que al día siguiente "una turba agredió al excandidato presidencial", el perdedor, con "insultos", con "un golpe en la cabeza", etc.
Todo eso sorprende, desagrada, preocupa, en un país que se proclama pacifista y tolerante. Más de uno estará invocando circunstancias excepcionales, particulares (¿atenuantes?), al calor de la política. Pero esos síntomas se acumulan, igual, en la esfera diaria. Como hoy, este alumno recostado en mi camino a la biblioteca, que argumenta que tiene "derecho"; como ese desconocido que se acerca, casi forzándome a darle la mano..., invoca que me conoce y me pide plata; igual, esos mormones que no nos dejan conversar, entre amigos, al cruzarse de repente hacia nuestra vereda, extendernos la mano para de sopetón invocar la urgencia de su mensaje...
Del Presidente para abajo. No, en aras de una ciudadanía bien entendida, ni corresponde la agresión física ni verbal ni lo sobreactuado del saludo. No hace falta ser experto en protocolo, precedencias y proxemia, para sentirlos, aplicarlos. Son ejemplos, acumulados, del futuro presidente para abajo, de considerar como sinónimos alfabetización y culturización, confundir lo popular con lo populachero y hasta vulgar. Es la consabida mezcla horrible entre democracia e igualitarismo. Preocupa, con mayor razón, si ese comportamiento detestable, ese tipo de agresión, ya no solo se ve de la "chusma" y la gente con "pinta" (para utilizar el lenguaje de ellos), sino por parte de dirigentes políticos y religiosos. "Si los lobos contagian a la masa, un mal día el rebaño se convierte en horda" (E. Jünger).
Conviene saber leer más allá de letras, modales. A mi no me preocupa que algunos, por ascendencia rural probable, pronuncien "diferiencia" (sic) en vez de diferencia: por lo general ellos sí practican la deferencia, el respeto al otro, la cortesía, a pesar de la posible divergencia. Lo que verdaderamente angustia es la merma de la diferencia, lo cual lleva a la desaparición de la deferencia. Y aquel "vive la petite différence" del francés, claro que se puede aplicar a la diferencia-deferencia que por cultura y educación debe prevalecer entre géneros, jóvenes y mayores, maestros y educandos, gobernantes y gobernados.