En días pasados tuve la oportunidad de compartir en un programa de Radio Nicaragua con funcionarios de ese país sobre el comportamiento del comercio en la región centroamericana. Celebraban los colegas nicaragüenses que en el 2004 habían logrado alcanzar los $700 millones de dólares en exportaciones anuales al mundo, superando por primera en veinte años las cifras que tenían en 1978.
Comentaba el locutor de radio que mucho tiempo y mucha historia habían tenido que pasar, para que el país hubiese recuperado en exportaciones lo que había perdido gracias a la irresponsabilidad y falta de visión de los gobierno de la época. Rememoraba también que hace muchos años Nicaragua había sido el líder indiscutible en el comercio regional, siendo incluso miembro fundador del GATT en 1948, cuando los demás países de la región ni siquiera conocían el alcance de esta organización. Finalizaba advirtiendo con nostalgia, lo fácil que es destruir lo que se ha creado con el esfuerzo de muchos años, producto de las malas decisiones de quienes habían estado en el lugar equivocado a la hora de que se requiere gente con visión para la ejecución de buenas acciones.
Triste lección. Cuánto podríamos aprender de esta triste lección. Durante los últimos años Costa Rica ha ocupado un liderazgo indiscutible en materia comercial en Centroamérica. La adhesión al GATT en 1990 y la negociación de tratados de libre comercio combinados con la implementación de políticas correctas, ha permitido al país exportar cerca de 6.000 millones de dólares en bienes en los últimos años y ser el primer exportador per cápita de América Latina.
Por ello, cuando en mi intervención trataba de explicar la situación en Costa Rica con la aprobación del TLC con Estados Unidos, los demás participantes en el programa me veían con asombro buscando una explicación a tan desafortunada coyuntura. Al finalizar el programa, el locutor realizaba un llamado a toda la población para que unidos pudieran aprovechar las oportunidades del Tratado, mientras los ticos perdían el tiempo deshojando margaritas.
No he podido encontrar mejor frase que describa la actitud actual del ministro de Comercio Exterior, el Gobierno y algunos de otros políticos nacionales. Mientras los demás países centroamericanos se preparan día a día para la pronta entrada en vigencia del acuerdo comercial y para aprovechar desde ya las oportunidades que de ahí se derivan, los políticos de turno sen debaten entre si el TLC es bueno para los pobres, si se puede renegociar, si los Estados Unidos nos van a quitar o no la Iniciativa para la Cuenca del Caribe o si se envía o no el TLC para su discusión en la Asamblea.
Dicen que no hay peor ciego que el no quiere ver y no se necesita mucho sentido común para darse cuenta de que cada día que pasa se pierden oportunidades. Por ello es inexplicable y desesperante saber que, mientras otros compiten por ver quién atrae más inversión extranjera y generan más y mejores empleos en su países, los encargados de tomar decisiones en Costa Rica se entretienen deshojando margaritas sobre si se envía o no el TLC al Congreso. POR COSTA RICA, ¡hagamos algo ya!