La forma poco afortunada de la administración Rodríguez para tratar la reforma del Estado hace más difícil su futuro. El tema se omitió en la campaña política, lo que demuestra la dificultad de tratarlo por su riesgo o costo político inherente. Sin embargo, la troica apocalíptica económica (deuda pública-competitividad-déficit fiscal), también ignorada en la campaña, es de "acatamiento obligatorio" en una nueva administración.
Lo que recientemente nos llevó y llevará a las urnas el 7 de abril será un acto de fe y no de plena convicción para apoyar un plan o programa que beneficie al país. Esto no es bueno para la salud cívica porque la ciudadanía pierde el derecho a que le rindan cuentas.
Impostergable. La reforma del Estado, que va más allá de las reformas a las empresas del Estado porque implica la reingeniería de sus instituciones, es impostergable. En cuanto a las empresas del Estado (Grupo ICE, bancos comerciales, INS, Recope, Japdeva, AyA, Incofer, INCOP, FNL, tiendas libres) se deben desestatizar: ¡ojo!, no privatizar, que es otra cosa. Al desestatizar se logran dos objetivos importantes: que esas empresas compitan, en igualdad de condiciones, con empresas similares del sector privado, particularmente los bancos comerciales, y que se las saque de la contabilidad del Estado, lo que simplifica el manejo macroeconómico del país internamente y de cara a las metas macroeconómicas ante el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Interamericano de Desarrollo.
Desestatizar implica sacar de las empresas públicas a los políticos y controlar el poder que en ellas ejercen los sindicatos laborales. Por eso el costo político aludido.
Si bien para algunos nos hemos rezagado en la reforma del Estado, al menos no nos hemos precipitado siguiendo dogmas que a la postre han terminado en corrupción exacerbada y crisis sociales y económicas, como en Argentina. Don Rodrigo Madrigal Nieto ha propuesto un plan para desestatizar sin privatizar, entendiendo por privatizar el vender los activos del Estado al sector privado o a las transnacionales. Creo que al plan de Don Rodrigo le está llegando su hora: la Bolsa Nacional de Valores ha madurado muchísimo, los fondos de pensiones si bien incipientes en el futuro representarán un importantísimo ahorro nacional que debe estar comprometido con el crecimiento económico, en el país hay legión de magníficos profesionales graduados de nuestras universidades y, según el FMI, la crisis económica está madura.
De cada uno. Cuando todo es de todos, nada es de nadie. Al desestatizar, lo que es de todos pasa a ser realmente de cada uno, con las condiciones de salvaguarda que eviten que los ciudadanos, por ser inducidos a manejar mal sus haberes producto de la desestatización, pierdan su patrimonio y pongan en riesgo el programa, que tiene como norte la no concentración de poder de los participantes, la excelencia en el manejo de las empresas y la generación de riqueza.
Paralelamente a este programa se debe legislar para crear los marcos jurídicos de las actividades económicas, algunas tuteladas por la Constitución: fuerzas hidráulicas, espectro electromagnético, ferrocarriles, puertos. Otras que no son tuteladas por la constitución, pero son monopolios del Estado, también requieren nueva legislación: INS, Recope, FNL.
Para impedir que don Óscar Arias fuera presidente, se decía que, si el camión está malo, el problema no se resuelve cambiando de chofer. Yo creo que si el camión está malo, el chofer también debe saber de mecánica, de la seguridad de los pasajeros y tener claro cuál es su destino. ¿Tendremos la opción de contratar al chofer que necesitamos?