Comparto con doña Carmen Ugalde el fondo de su comentario (“Finlandia y Costa Rica: encuentro educativo”, 10/6/07, pág. 36 A), respecto a la importancia de la tecnología y su impostergable inserción en el ámbito educativo nacional. Sin embargo, me preocupa que la señora Ugalde, directora de La Nación en el Aula , afirme: “A lo mejor algunos muchachos, un poco vagabundos e irrespetuosos, han sido calificados como hiperactivos y, por tanto, tienen derecho a una adecuación curricular”, es decir, a aprender menos, a rendir menos y a recibir todo fácil, diría yo.
Pareciera que, con ese comentario, todas las personas con adecuación curricular caen en la gracia del facilismo y la comodidad, algo totalmente alejado de la realidad. La adecuación curricular es una estrategia pedagógica, donde el docente planifica y actúa atendiendo las diferencias individuales de sus estudiantes, esa estrategia vale tanto para el desarrollo de las lecciones como para las evaluaciones.
Nada de alcahuetería. La adecuación curricular no es sinónimo de vagabundería o alcahuetería, tampoco es una ocurrencia del educador, pues tiene un fundamento legal de carácter internacional y nacional muy sólido, que comprende, entre otras, la Carta Internacional de Derechos Humanos (Declaración Universal de Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos), la Convención sobre los Derechos del Niño, la Convención Interamericana para la eliminación de todas las formas de discriminación contra personas con discapacidad, la Constitución Política de Costa Rica, que en su artículo 33 contempla el Principio de Igualdad, el Código de la Niñez y la Adolescencia, la Ley fundamental de educación y, finalmente, la Ley 7600 de Igualdad de oportunidades para personas con discapacidad.
Pero todo eso sería letra muerta si el docente no pone en práctica los conceptos contenidos en dicha normativa. Así, el docente, al diseñar su planeamiento, debe considerar la evaluación diagnóstica-pedagógica que ha efectuado a cada estudiante, de la mano, si se pudiera, de un profesional en Psicología, Psicopedagogía, Trabajo Social, Orientación u otras disciplinas especializadas, para establecer el nivel de competencia curricular en que se encuentra el alumno a su cargo y lograr un aprendizaje de calidad, pertinente y significativo.
No hay regalo. Se desprende de lo anterior que el educador no “regala” la nota a un estudiante con adecuación curricular, sino que este proceso estratégico responde, primero, al respeto del derecho a la educación en igualdad de oportunidades a todos (niños, niñas, jóvenes y adultos), dentro, claro está, del sistema educativo regular; segundo, que todos los estudiantes tienen diferentes formas de aprender y, por ello, debe tomarse en cuenta la necesidad individual de cada uno, que, para ser promovido, debe dominar los objetivos y contenidos del curso (y de manera particular en caso de la adecuación curricular significativa).
Entonces, con la adecuación curricular, no se aprende menos ni se rinde menos y tampoco se recibe todo fácil, sino que se aprende, rinde y recibe de una manera diferente.