Como inquietud de parte de un número significativo de amigos, trabajadores, compañeros y excompañeros de labores en el hospital San Juan de Dios del Dr. Enrique Lobo Hernández, cirujano oncólogo, queremos manifestarle incondicional apoyo, como desagravio a las duras pruebas a que está siendo sometido por algunas jefaturas de la institución. Sus faltas no son de tanta relevancia y sus consecuencias realmente son insignificantes. Si pusiéramos sobre la balanza la dedicación, la entrega, el trabajo y la honestidad en contra de sus “errores”, los primeros serían toneladas de hechos positivos frente a miligramos de hechos negativos.
Desde hace varios meses, el Dr. Lobo Hernández enfrenta siete procesos administrativos (¿un récord?), muchos por asuntos banales e irrelevantes, algunos liberados; uno de estos procesos fue por “abandono de trabajo”, el cual deberíamos afrontar de manera colectiva los médicos de la Sección de Cirugía de este hospital, según la circular del 15 de abril del 2004 de esa jefatura que mencionó La Nación (31/5/04, pág. 4 A). Estos debidos procesos administrativos no borran su carisma y (para algunos) sus insuperables estadísticas quirúrgicas personales.
Queremos estimular, reconocer y animar al amigo Enrique con palabras de Víctor Frankl, quien en el campo de concentración decía: “Ellos creen que me han despojado de todo y se sienten satisfechos, pero no han podido quitarme el poder más grande que llevó dentro, el poder de elegir mis reacciones”.
La perfección no existe. Entre otros, el deseo de poder y el deseo de ser son males endémicos que nos agobian desde el principio de la creación, según algunos versículos del Génesis. Algunos “abanderados” de la honestidad están proclamando intrahospitalariamente sus luchas contra la corrupción y se hacen los paladines olvidando que en este mundo de pecado y corrupción todos tenemos una ración porque la perfección humana no existe, y olvidan aquel pasaje bíblico que dice: “Quien esté libre de pecados que lance la primera piedra”. Por las malicias humanas los entendemos porque hay celos, egoísmos, envidias y amargura. El Dr. Lobo Hernández ha sido asediado, perseguido y hasta desmoralizado psicológicamente; pareciera que hay personas que tratan de desvirtuar y denigrar su habilidad quirúrgica.
Podemos asegurar que ningún médico del hospital dedica tanto tiempo a actividades quirúrgicas fuera de su jornada laboral, ya sea en el hospital San Juan de Dios, en el hospital Max Terán de Quepos, en el hospital Carlos Luis Valverde Vega de San Ramón y en otros, tiempo que roba a su familia, consultorio particular o actividades personales. Por otra parte, son pocos los cirujanos que tienen destrezas quirúrgicas como las del Dr. Lobo Hernández.
Finalmente, queremos traer a colación un principio vivencial que dice que “las palabras convencen, pero el ejemplo arrastra”, y este colega ha sido testimonio vivo de entrega sacrificio, arrastre y vocación de servicio. Ahora, Dr. Lobo, como persona le queda la misión más difícil del cristiano: perdonar y olvidar...