Costa Rica asume hoy la atención planetaria merced al encanto balompédico y al azar. Lo inesperado: protagonista de la apertura de la XVIII versión de la Copa Mundial de Futbol.
El sorteo de la FIFA decidió que, el 9 de junio del 2006, más de 700 millones de personas observen por televisión a los intrépidos ticos haciéndoles honor a los anfitriones, en la señera ciudad de Múnich.
Y, desde el día 10 de diciembre, profesionales de Prensa, curiosos y apostadores acuden a Google, vía Internet, para identificar a Costa Rica, en todas sus dimensiones, a fin de rodear de elementos complementarios la ubicación correcta del primer rival del país, campeón en tres oportunidades, que ya en 1974 realizó el universal torneo bajo el nombre de Alemania Federal.
Jorge Valdano, exjugador, entrenador y también escritor argentino, definió el fútbol como un enfrentamiento entre dos equipos, con once atletas por bando, donde siempre ganan los alemanes. Pero, ese detalle, ya es historia. El deporte más internacional ha superado viejas teorías. Prueba de ello es hallar a México, por primera vez, entre las naciones cabezas de serie, a la hora de fijar pautas de organización para distribuir a los 32 conjuntos finalistas, sobrevivientes de una pelea inicial de 197 selecciones.
Curiosa vigencia. Para los que ya ni canas peinamos, la presencia costarricense en el nuevo Allianz Arena muniquense es la ocasión que el destino reserva a las grandes oportunidades. Va a zanjarse, lance de caballeros, el final de una situación casi olvidada, pero efectiva: la declaración bélica de Costa Rica a la Alemania nazi, anterior a idéntica decisión de Wash- ington, prolegómenos de la II Guerra Mundial. Real anécdota, curiosa vigencia.
Por ello, amén del clásico intercambio de banderines, entre los capitanes de las dos representaciones, en el minuto previo del acontecimiento, bien haría el tico agregar un ramo de olivo como ofrenda -prueba- de amistad y aprecio, si acaso el Presidente tico no figurase, por igual motivo, junto a su colega alemán en la tribuna del gran escenario, moderno conjunto de serena majestad arquitectónica.
Para los jóvenes, ayunos de historia y simbolismos, el episodio futbolístico goza de metáfora, tal vez de vacilón, de acuerdo con el espíritu de la época. Un partido que enfrenta a Alemania con Costa Rica repite la versión de la pugna, tan celebrada, entre Tom y Jerry. Pura vida. Un endemoniado gato y un pequeño ratón.
Eduardo Toba Muiño, entrenador que hizo campeón al Herediano -Mario Murillo, Édgar Quesada, Herbet Ulloa, Danilo Montero.- con la propiedad de quien, además, era médico, acentuaba una expresión que infundía a sus pupilos: Ningún hombre es más hombre que otro en una cancha de balompié. Es el convencimiento necesario, psicológico, firme, para 11 jóvenes de Costa Rica en la jornada de inauguración. Alemania. un equipo de fútbol. Nada más.
Línea recta. Claro que se requiere, al igual que coraje, estrategia, velocidad, correr siempre, anticiparse, soltar la pelota sin regateos complicados, alejar rápido el cuero del reducto propio y utilizar la mente para no perder el orden táctico. Los goles, que otorgan el triunfo se obtienen disparando a marco, no con mareos de media cancha. Ser agresivos implica centrarse en una misión única: poner en apuros al guardameta adversario. El camino más corto sigue siendo la línea recta, verdades de Perogrullo.
Es importante, en el desarrollo del juego, el observador (entrenador) que derive consecuencias del ir y venir de los 22 contendientes. Y actúe. Un punto flaco, por equis razones, que debe reponerse. Un jugador rival más acucioso al que hay que prestar atención. Y tantas variantes dentro de un partido de fútbol.
La tarea, detrás de la línea de cal, conduce, tantas veces, a la victoria. Los grandes clubes mundiales adjuntan un analista, modus operandi, junto al entrenador del equipo. Por Costa Rica han pasado dos especialistas clásicos en esa materia: Eduardo Viso Abella y Antonio Moyano Reina. Ojos de excelentes tasadores. Veían y remediaban, dentro de las posibilidades de los elementos disponibles. Pero su diagnóstico era seguro. Admirable.
Jurgen Klinsmann, seleccionador alemán, busca ahora rivales de similar característica de Ecuador, para prepararse. Quiérese decir que Costa Rica no cuenta dentro de sus temores. Ya vamos avanzando: enemigo confiado. La moraleja es clara: Costa Rica ante un gran momento, un objetivo, una ilusión, para los millones que seguiremos esperanzados, aplaudiendo talento, despliegue y hombría de la Sele . Las peleas son. ¡peleando!