Excelente que La Nación se refiera a la ineficiencia estatal en relación con los problemas que nos aquejan a todos. Coincido con la falta de liderazgo y la toma de decisiones precisas y oportunas para que las cosas se hagan bien y de forma inmediata.
A Costa Rica le falta realmente liderazgo positivo, bien definido y enfocado, que tome decisiones sin titubear, pues es hora de la acción porque ya pasó la identificación de los problemas, el diagnóstico del paciente, y ya se conoce cuál es el mal y cuál la cura; es precisamente el momento de dejar de posponer para mañana lo que se puede y se debe hacer hoy. Es urgente aplicar la solución porque ya cansa tanta mediocridad y sacrificio del anhelado desarrollo.
¿Falta dinero? Es suficiente con conocer la subejecución presupuestaria de las instituciones para darse cuenta de la ineficiencia e inoperancia que existen. Si tan solo supiéramos gastar eficientemente los recursos que tenemos a disposición, ¿cuántas obras y proyectos importantes podríamos ejecutar cada año?
Es evidente la falta de leyes acordes con la visión de país, que no entraben el avance y progreso que añoramos y merecemos. Tenemos un aparato burocrático desfasado, que todo lo hace lento. Es muy cierto que a todos nos preocupa; sin embargo, no se hace nada por darle solución. Tenemos un Congreso donde la discusión es más para entorpecer que para aportar, donde un diputado basta para frenar la labor legislativa, y los grupos minoritarios son capaces de paralizar el país. No puede ser posible que nuestro sentido democrático se manosee de esta forma; queremos una democracia en pro del desarrollo, no sinónimo de libertinaje ni de retroceso.
Falta malicia. La lucha contra la corrupción jamás debe llevarnos a una maraña de leyes, dizque para frenar ese triste flagelo, pero no nos damos cuenta de que está saliendo más caro el control que el robo sin cuartel, que hemos entrado a un ciclo donde se sigue robando y seguimos gastando en controles ineficientes, que convertimos en despilfarro igual o peor de censurable. La falta de malicia para todo nos está saliendo sumamente onerosa; por favor, los controles son importantes, pero no abusemos, porque está saliendo peor la medicina que la enfermedad. Que la lucha contra la corrupción no nos ciegue ni nos convierta en cómplices malgastadores del dinero; el despilfarro puede ser peor que la corrupción misma.
Es sano señalar toda esta mediocridad, pedir mayor liderazgo, toma de decisiones sabias y oportunas, pero después ¿qué?, porque "del dicho al hecho hay mucho trecho", y ya estamos cansados de señalar, recomendar y suplicar, ¿Qué sigue? Queremos acción, movimiento, eficiencia y, ante todo, responsabilidad con la patria.