9 junio, 2000

Del Tribunal de Ética del PLN depende, se supone, su salud moral.

Si esa instancia está bajo cuestionamiento, si uno de sus miembros renuncia y clama al cielo por lo que considera son muchas marrullerías las que allí se viven, pues algo parece andar mal.

Parece que todo el desarraigo sufrido por el partido, finalmente amenazó y carcomió su instancia ética.

¿Puede un partido, así, ampararse en la labor de dicha instancia, en los veredictos que emanen de ella?

Sin estar en el banquillo de las decisiones internas del PLN, todo apunta a que la misión del Tribunal se verá mermada en la confianza interna y externa.

Las denuncias de un miembro saliente parecen delicadas; parte de las tretas puestas al descubierto estaban dirigidas contra el exdiputado Ottón Solís, una incómoda figura en las filas verdiblancas.

Por tratarse de alguien que no ha tenido reparos en denunciar la podredumbre que corroe al partido, las sospechas de que hay algo extraño detrás de todo esto se incrementan.

¿Le quiere cobrar alguien alguna cuenta a don Ottón? ¿Se valen de alguno de los miembros del tribunal?

Algunos dirigentes han saltado pidiendo que se corten cabezas; pero su postura más bien muestra apariencias electoreras, habida cuenta de los techos de cristal que cubren fragilmente algunas recientes actuaciones.

El capítulo del Tribunal es sólo una parte de algo que desgarra, ha rato ya, al PLN. Lo tiene sin rumbo. Lo tiene reducido a una lucha fratricida cuatrienal por la siguiente candidatura. No importa el costo.

Fraude en la convención pasada; la debacle de Compensación Social y ahora el tribunal ético pasa al cadalzo. ¿Quién hará el exorcismo?