En este extraviado mundo de hoy, hay quienes se creen con derecho a opinar de cualquier cosa, aunque no sepan de la misa la media, como dicen que dice el pueblo. Mediada de esa manera fue recién, y cómo no lo iba a ser, la elección del nuevo papa Benedicto XVI, a quien los "progresistas" del mundo y, faltaba más, los nuestros también, se lanzaron a criticar fieramente, y nomás por ser un hombre de fe; ellos, que no la han tenido jamás, sino en las dictaduras de izquierda o el populismo autoritario, más papistas que ningún papa romano, inquisidores de todo aquel que quiera seguir su libero arbitrio. electoral o no.
Hay en eso una contradicción cultural que en estas páginas cabe, porque política y religión tan cultura diaria son como cualquier otra manifestación humana. Y lo digo por lo ofensivo que resulta a la cultura que nos acoge, que esos tales "progresistas" sin ser católicos siquiera -ya no se diga cristianos y menos aún creyentes, que liberales jamás- se sientan con derecho a opinar sobre una elección en la que ni siquiera los fieles laicos tenemos mayor cosa que decir; si creemos, porque lo hacemos, y si no, porque no nos ha de importar, puesto que no nos afecta... y lo demás, dijo un isabelino poeta, es silencio. o al menos, debería serlo.
Ofensivo silencio. Mas si en el Vaticano ya habemus Papam de nuevo, aquí lo que hay son unos viejos papanatas que el silencio que han guardado, en cambio, es ofensivo por referirse a algo que sí nos afecta a todos los costarricenses, católicos o no, por el hecho solo de serlo: la declaración contundente de sedición que nos lanzó al rostro, días ha, una llamada Comisión Nacional de Enlace, que de nacional tiene poco y lo que enlazaba en realidad era un golpe de Estado en ciernes, con el mayor de los "democráticos" descaros. Han venido estos señores (y señoras, supongo he de decir) violentando desde hace mucho tiempo las más básicas reglas de convivencia ciudadana, con la insolente gana de desestabilizar el país, so pretexto de defender su soberanía; quisiera decir herejía, pero como no confundo los fueros, puedo decirles sin más, lo que son en mi opinión: desvergonzados defensores de pingües privilegios de los que no goza la mayoría de ese, que llaman pueblo, y a quien nada ni nadie representa en verdad, porque anónima y silenciosa masa es la cotidiana víctima de la estatal ineficiencia y la corrupción empresarial, del descuido político y la complicidad sindical, de la cultura del no-se-puede y del pobrecitico aquel, de cuyo nombre haríamos bien en no acordarnos nunca más.
"Progresistas" para quienes el progreso, en su autoritaria opinión y lógica de bloqueo, no es más que politiquería de populistas rabiosos y, lo sabemos ahora y de una vez por todas, contraria a la soberanía popular que solo puede emanar en buena ley, de ese mismo pueblo costarricense al que dicen representar, pero al que anuncian, desde ya, que se ha de equivocar en la próxima elección presidencial... ¡Habrase visto mayor disparate y barbaridad!
Los demás tragan. Porque cosa de bárbaros es eso de volver atrás en las históricas conquistas de un pueblo como el nuestro, que tan bien como mal ha llevado sus destinos por más de medio siglo, pero de una manera ordenada y sin montoneras civiles, por medio de ese mecánico instrumento que es la elección popular; aquí la mayoría, si mayoría en realidad, gana, y los demás, por muy demás que sean, tragan; que al fin y al cabo los que trabajamos de verdad hemos de seguir haciéndolo mañana, y no hay para nosotros convención colectiva que valga. Pues si a este colectivo popular no le van los albinos bocados de cardenal, tampoco le vienen a más los totalitarios dictados sindicales que hoy quieren definirle sus destinos sin consultar, ofendiendo una historia y, ahora sí, una fe, una laica y republicana fe a nosotros tan cara, una que cree que a sus gobernantes no los elige el Espíritu Santo, pero sí su santa voluntad expresa en las urnas cada cuatro años.
En Costa Rica la democracia no está en las calles, como se vio en el reciente fracaso de ese "paro nacional" que paró oportuna una lluvia; pero en cuanto a los "progres" que así lo sostienen, no nos engañemos más, que con su extraviado bullicio frente a la santa decisión de Roma y su silencio cómplice sobre algo que los costarricenses nos compete, la suya fue y es una non sancta elección: eligieron ya traicionar a la Patria.