Opinión

De la Bosserie al Elíseo

Alemania y Francia: voces indispensables para el mundo

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Las luchas entre galos y teutones quizá hasta se perdían en el tiempo. Más tarde, Carlomagno incorporó sus tierras a su imperio, el cual se dividió a su muerte y dio nacimiento a varias naciones de occidente y concretamente a Francia y Alemania. Napoleón, en su audaz campaña por Europa hasta llegó a dominar a Prusia, cuna de los Junkers, y en el último siglo y medio, Bismarck en 1870, el Kaiser en el 14 y Hitler en el 39 invadieron Francia, y dejaron a su paso una estela de destrucción y profundos resquemores. Pero, a su vez, estos pueblos habían establecido múltiples lazos culturales, políticos y comerciales a lo largo del tiempo enriqueciendo las riberas del Rin e inspirando a Goethe, Heine, Madame de Staël y Víctor Hugo, entre otras glorias de su riqueza humana. De la historia debía rescatarse esta espléndida cantera. Pero se necesitaba un valor singular para intentarlo. Proclamar, ante sus pueblos y ante los pueblos del mundo, después de los profundos dramas que todos habían sufrido por el rompimiento de las relaciones entre estos dos países, que se debía olvidar ese pasado para iniciar juntos una senda de entendimientos que condujera a consolidar Europa, solo podían hacerlo dos figuras que, con el sedimento de los años, habían alcanzado la serenidad espiritual, la lucidez mental y la fortaleza de carácter que las habían agigantado en los universos políticos de sus respectivas naciones.








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