En la violencia doméstica, los protagonistas y las consecuencias son muchos y variados, innumerables los casos y patéticos los resultados. Hablar de ellos no soluciona sus causas ni los efectos que acarrean. Al crear y aplicar las leyes, hay que estar conscientes de esto: la violencia doméstica no es un hecho aislado, sino una consecuencia de causas concretas sobre las que debemos actuar; pero hay que saber diferenciar los efectos de las causas.
La prestigiosa revista Scientific American (marzo del 2002) señala las consecuencias del abuso infantil, sexual, físico o psicológico. La investigación, tanto en el Hospital McLean como en la Escuela de Medicina de Harvard, dramáticamente concluye que, a pesar de cualquier tratamiento posterior, sus secuelas podrían no borrarse porque ocurren durante el proceso formativo, crítico, del cerebro, cuando está siendo moldeado psíquicamente por esas experiencias.
El impacto podría dejar una huella indeleble en su estructura y su función, lo que posteriormente puede manifestarse, a cualquier edad, en depresión, ansiedad, tendencias suicidas o estrés postraumático. Este se expresa como agresión, impulsividad, delincuencia, hiperactividad o abuso de drogas, o como el desorden de personalidad llamado borderline (ver a otros en “blanco y negro”: unas veces se los idolatra, y otras se los aborrece).
Desequilibrante maltrato. La revista habla también del sistema límbico del cerebro: interconexión de núcleos cerebrales (centros neurales) con papel vital en las memorias (el hipocampo) y las emociones (la amígdala). Explica asimismo cómo el abuso o el maltrato dañan al cerebro con desequilibrios que luego derivan en comportamientos destructores o agresivos.
En mayo del 2000, la misma revista publicó un estudio sobre mujeres agredidas y otro sobre la violencia oculta contra el hombre. Allí dejó claro que, aunque las causas de la violencia son diversas, una de las principales es el abuso en la infancia.
Por otro lado, existe un creciente número de mujeres agresoras. Los maltratos físicos del hombre son más graves debido a su fuerza natural, pero los psicológicos son el campo preferido de las mujeres, sin dejar, unos y otras, si son agresores, de atacarse por cualquier medio, utilizando o agrediendo incluso a sus propios hijos, dañándolos y provocando futuros agresores.
Comprensión y prevención. La violencia doméstica es un mal universal, lamentablemente endémico. No basta una ley represiva contra uno y otro sexo. La psiquis del ser humano es compleja, más si se piensa en el daño sufrido durante su etapa infantil. Una sana, limpia y atenta comprensión de estos problemas y programas preventivos del abuso infantil y del tratamiento al agresor, disminuirá en gran medida la posterior agresión del adulto.
Mientras con base en esto no generemos soluciones profundas y permanentes, esta violencia seguirá creciendo con más gastos, esfuerzos y leyes que no romperán la cadena de agresiones y violencia.
Necesitamos leyes más determinantes contra la agresión a los niños, incluida la familia, que a veces no ve lo que genera, y para que nosotros, los jueces de familia, atendamos con más diligencia esta agresión en los asuntos que ventilemos. El mal hay que combatirlo en la raíz –pero ya–, y su única solución es el tratamiento.