Con el título Diosas, rameras, esposas y esclavas, la antropóloga social Sara B. Pomey publica un fascinante estudio en donde analiza la situación de la mujer en la antigüedad, desde la edad del bronce hasta los primeros siglos después de Cristo, correlacionándolo todo con la época actual. Es difícil determinar por falta de escritura, la situación real en la prehistoria, pues las estatuillas antropomórficas del neolítico tardío son en su mayoría hembras, sin que se pueda determinar el predominio de un sexo sobre otro aunque más tarde la supremacía del hombre se establece y a falta de escritura, los estudiosos cuentan con utensilios, pinturas, cerámica decorada y piezas de bronce para sustentar sus teorías.
La gloria de Atenas clásica es un lugar común en la historia de Grecia, pero hay una discrepancia entre los logros culturales y la participación de la mujer en esa cultura. La grandeza de Roma es otro axioma de la historia donde se destaca la situación política de los varones, pero la mujer aunque socialmente más aceptada que en Grecia nunca fue considerada igual en las actividades de su misma clase social.
Mitología clásica. Resulta además difícil conocer la situación de la mujer "común y corriente" ya que la historia antigua se basa por lo general en el estudio de la clase dirigente y la mujer de que tenemos conocimiento es la que pertenecía o estaba asociada a los grupos de elite de la sociedad. La mitología clásica ofrece un primer vislumbre de las relaciones hombre-mujer en la civilización griega, pues los mitos no son mentiras, sino un intento de los hombres por imponer un orden simbólico en el universo. Los dioses y las diosas interactuaban entre sí y con los mortales de forma bastante promiscua creando situaciones que a menudo cambiaban el propio curso de la historia; pero en la tierra "las esposas" permanecían recluidas en sus hogares enfrascadas en las labores domésticas, ya fuera solas o acompañadas por sus esclavas si su status lo permitía, ya que los lugares públicos estaban reservados a los hombres, como los foros, los ágoras, baños, gimnasios o tabernas. La prostitución florecía en la antigüedad y en las grandes ciudades fue un negocio bastante lucrativo, administrado a veces por esclavas-prostitutas o por funcionarios. Pero las esclavas tuvieron a la vez tareas muy variadas como trabajar en el hogar, en el campo o fungir como prostitutas o concubina para sus amos o amigos y visitantes.
Miles de años después las cosas no parecen haber cambiado mucho. Las diosas ya no existen o nunca existieron, pero las divas o actuales diosas del cine y de la farándula tienen gran poder y fortuna pero sujeto a las disposiciones de representantes, directores y productores masculinos, de la misma manera que las diosas estuvieron bajo la férula de Zeus.
¿Cambiará algún día? Las esposas continúan en sus labores domésticas y aunque en occidente se le ha hecho la concesión graciosa de trabajar fuera de la casa, esto se les permite siempre y cuando regresen a sus hogares para cumplir con los deberes de cocinar, lavar y aplanchar para que su esposo e hijitos salgan "bien prendiditos" al día siguiente. Como valor agregado tenemos ahora la violencia hogareña y según cifras a mi alcance sólo en España murieron en 1997 cerca de 100 mujeres a manos de sus cónyuges y hubo 124.000 denuncias de agresión. La prostitución va en aumento, incluyendo ahora hombres y niños y la situación tiende cada día a ser más desesperante según se infiere de los informes de las Naciones Unidas o del propio Seminario o Reunión de Prostitutas celebrado recientemente en San José.
A las puertas del siglo o del tercer milenio que se inicia el 1° de enero del año 2001, el panorama luce aún bastante sombrío. ¿Cambiará algún día? Creo que sólo Dios, desafortunadamente, tiene la respuesta...