Recuerdo una película que vi hace muchos años (en blanco y negro), norteamericana, titulada Heredarás el viento , y que me impresionó bastante, a tal grado que la sigo recordando, sin que haya naufragado en mi deslave amnésico de tanta cinematografía vista y olvidada. El filme contaba la historia del asedio social en un lindo pueblito de los EE. UU., en donde un profesor comienza a enseñar la teoría de la evolución de Darwin, en el colegio del lugar. Esto enciende la ira de los habitantes religiosos, que la rechazan y creen más bien en el postulado de la creación bíblica. El conflicto es inevitable.
Pues bien, con este antecedente leo un libro que compré en mi último viaje a Costa Rica, titulado La ciudad de los monos. Roberto Brenes Mesén, los católicos heredianos y el conflicto cultural de 1907 en Costa Rica (EUNA, 2001), escrito por Iván Molina Jiménez.
En esta obra el autor estudia los sucesos críticos de 1907 en Heredia, en lo que, a su entender, fue la confrontación religiosa más importante en el siglo XX, cuando en el Liceo de Heredia, que dirigía Roberto Brenes Mesén, también se comienza a enseñar la teoría darwiniana de la evolución por parte de uno de sus profesores, lo que genera una fuerte reacción vecinal (y clerical), que lleva a alguien a hablar, satíricamente, de la "ciudad de los monos" en vez de la "ciudad de las flores". Esto me remitió, por supuesto, a la vieja película norteamericana.
Brenes Mesén
Acrecentó mi entusiasmo de lector el hecho de que en el ojo de la tormenta estuviera uno de mis autores preferidos, el poeta, ensayista, filólogo, gramático, pedagogo, polígloto de lenguas vivas y muertas, traductor, Brenes Mesén, a quien considero el intelectual/artista más completo que dio Costa Rica en el siglo XX.
Brillante como estudiante, lo fue también como profesional, tras ser becado a Chile y formar parte de los "chilenoides" que allá se habían formado, afiliados a ideas reformistas.
Fue la gran figura de un grupo de "jóvenes radicales", que introdujeron en un panorama político liberal, por un lado, y clerical, por el otro, ideas de corte un poco socialista, libertario, anarquista (aunque no a todos les duró mucho el entusiasmo izquierdista), y en el que estaban también José María Zeledón (Billo), Joaquín García Monge y Jenaro Cardona. Brenes Mesén unía a su brillantez intelectual, su quehacer literario renovado. Se vinculó con la política en función técnica y pedagógica, sí, pero también ideológica, como cuando, muchos años después, hacia el final de su vida, publique en 1941 su ensayo El político en la revista de García Monge, Repertorio Americano, y, además, asesore a los jóvenes socialdemócratas del Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales. En fin, por donde se le quiera ver, Brenes Mesén aparece como una figura de excepción en el panorama nacional: literatura, erudición, lenguas, pedagogía, religión, política, diplomacia...
Un juicio distinto
Molina, el historiador, aunque tiene a Brenes Mesén como figura central en su estudio, no se limita a él, sino que lo ve en conexión con esos otros jóvenes radicales, en especial Billo Zeledón y García Monge, pues le interesa ver la dinámica de los círculos intelectuales, su vinculación con el Estado, sus esfuerzos por promover el cambio social y cultural. Molina sigue detalladamente la lucha entre Brenes Mesén y sus allegados, por una parte, y la clerecía y sectores vecinales, por el otro, en un conflicto que pasa de lo local a lo nacional, y de una gravedad solo comparable al enfrentamiento entre liberales y católicos en las décadas de los ochentas y noventas del siglo XIX. El enfrentamiento de 1907 tuvo como base un alto nivel de alfabetización de la población pues se desarrolló en buena medida a través de periódicos, folletos y hojas sueltas.
A pesar de que el libro de Molina me gustó mucho y de que me sirvió para precisar muchos hechos, me queda un cierto malestar en lo que se refiere a la valoración de Brenes Mesén, pues la excesiva importancia otorgada a los factores colectivos y políticos no va acompañada de una revisión suficiente de los elementos subjetivos y poéticos del autor, lo que quizá permitiría un juicio distinto, más matizado.
Algunos ejemplos seguidamente: en algún momento se habla de su "actitud confrontativa e inflexible", cuando él y su familia eran los agredidos. Las pavas tirándoles a las escopetas. Recordemos las palabras de su hija Fresia: "Sufríamos entonces en Heredia una persecución completa. El clérigo incitaba al pueblo en contra, se nos cortaba el agua rompiendo la cañería, no se nos vendían verduras ni leña para cocinar. Todas las sirvientas que procurábamos pronto se nos iban al confesarse, no les daba el padre la absolución. Atacaron a papá de inmoral por querer para Costa Rica la coeducación. Por tratar de prescindir del despotismo de la Iglesia en la educación pública, educación del Estado que debe ser libre y no coercitiva". No hablemos de las amenazas a la integridad física de don Roberto, que lo llevó a tener protección especial. Por otra parte, publicar Profecía de Lázaro, poema que podría herir cierta hipersensibilidad religiosa, en pleno año de la tormenta, no es una provocación ya que el poema había sido publicado años atrás.
Permanente tensión.
Otro ejemplo: se ve el ingreso de Brenes Mesén a la masonería como su integración calculada a grupos de poder asociados con los viejos liberales. Sin embargo, tal ingreso no significa solo una acción política, sino, sobre todo, intelectual y religiosa, como lo refuerza el hecho de que al año siguiente ingrese a la Sociedad Teosófica. Brenes Mesén no entra a la masonería para maquiavélicamente conquistar a los liberales, sino porque estaba experimentando una transformación intelectual y espiritual, y busca sus afines místico-ideológicos. Que este hecho intelectual tiene sus consecuencias políticas, sí, pero no hay que poner la carreta delante de los bueyes.
Otro caso: cuando Molina evalúa la trayectoria de Brenes, dice que "terminó aliado con los sectores más intransigentes de la oposición política al gobierno del presidente Teodoro Picado". Como se ve, otra vez aparece la "intransigencia" de Brenes Mesén, lástima que no se señale el carácter no democrático del gobierno de Picado, que por su actitud electoral y política generó el conflicto de 1948, lo que ayudaría a entender el proceder de Brenes Mesén. Una simplificación parecida se da cuando se habla de su participación en el gobierno de los Tinoco, sin que se profundice al respecto, sin ir más allá del nivel político y colectivo, y se tomen en cuenta sus propias palabras, sus procesos intelectuales, artísticos y filosóficos, que son lo que, a la larga, calan hondo en la humanidad del poeta, no solo en su función política.
Se trata, en suma, de un muy buen libro de Molina, que muchos harían bien en leer pues nos recuerda que la tensión entre lo laico y lo religioso nunca se resuelve del todo y que, al menor descuido, la mecha se enciende y la pólvora puede estallar.