Opinión

Cuando el poeta ha muerto

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Estas páginas, escritas al impulso de la emoción que me suscita el fallecimiento de dos ilustres costarricenses, don Fabián Dobles y don Isaac Felipe Azofeifa, me temo que por causas ajenas a mi voluntad, verán la luz muchas semanas después de la fecha en que los poetas han muerto. Lo único que refrena mi impaciencia por verlas publicadas, es saber que hablar de ellos, por muchos años, será tema del día. Por curioso que pueda parecer, sobre todo en un medio intelectual tan estrecho como el nuestro, y habitando los dos la orilla izquierda del Torres, nunca traté a don Fabián Dobles. Lo más cerca que estuvimos fue una vez que doña Cecilia me llamó por teléfono para decirme que a su marido le había gustado mucho un artículo mío, publicado en la prensa y no me lo decía personalmente don Fabián porque tenía problemas para escuchar por teléfono. Claro está que muchas veces me encontré con Tata Mundo y aún más, viajamos con gusto y regusto a melancolía en un viejo pickup que él conducía, cuando los años se nos hacen pequeños días.








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